miércoles, 14 de septiembre de 2016

Crónicas desde Venezuela

Después del martes 13 (septiembre 2016)

En varios países de América Latina el martes 13 se asocia con la mala suerte. En Venezuela hay un refrán popular que reza: “Martes 13, ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes”. Esto quiere decir que algo malo podría suceder, lo mejor sería quedarse en su cama. Pero yo me pregunto: ¿Es que 18 años de pésima gerencia gubernamental, popular chavismo y continuismo madurista no son suficientes? ¿Cuándo será que de verdad tendremos un martes 13 para ver si la maldición que se cierne sobre Venezuela acaba?

Después del primer martes 13 que tendremos en el 2016 en Venezuela no pasó nada, y es que literalmente nada pasa, salvo las muertes diarias que cobra el hampa común y organizada, las colas para comprar alimentos que no cesan, y por supuesto, la cumbre de los Países No Alineados en la Isla de Margarita, hecho por el cual el presidente Maduro ordenó la suspensión de todo tipo de vuelos al istmo, aislando aún más a sus habitantes de las posibilidades de obtener alimentos y medicamentos.
Para todos es sabido que un día después de la multitudinaria marcha que convocó la oposición en Caracas, el 1 de septiembre, Maduro organizó en la isla de Margarita un acto de calle  en el sector Villa Rosa, en donde lo recibieron con un cacerolazo. Fue allí en donde una señora le propinó un golpe, con cuchara y olla en mano, y él le devolvió la ofensa. A partir de allí la Isla de Margarita se ha convertido en el centro de las disputas políticas. Colectivos armados chavistas rodearon el aeropuerto para impedir que Enrique Capriles saliera del recinto para dirigirse a varias actividades que tenía programada y los diputados de la Asamblea Nacional no pudieron instalar el segundo período de sesiones que se llevaría a cabo en la isla, debido al cierre del espacio aéreo ordenado por el Gobierno.
Acá en tierra firme los venezolanos hacemos magia para alimentarnos, para subsistir con uno, y en el mejor de los casos, dos platos de comida diaria.
Hace 21 años entré por primera vez a la sala de espera del ginecólogo-obstetra Angello Balleta. Para esa época atendía en la Policlínica de Turmero, una moderna estructura que se había inaugurado por esas fechas. Mi salario de periodista en la televisora regional TVS me permitía el lujo de atención médica privada con uno de los ginecólogos más cotizados  del momento. La antesala para entrar a su consultorio podía prolongarse hasta tres horas. La fama de Balleta se fundamentaba en su porte varonil y belleza física, y en su profesional manera de atender a sus pacientes.
Recuerdo que en su antesala había no menos de 20 pacientes, a quienes dedicaba 20 o 30 minutos por consulta. Era una locura la larga espera, pero pasar por sus sabías manos valía la pena. Fue él quien trajo al mundo a mi hijo menor, quien en éste año cumple 21, y me dio uno de los cinco mejores consejos que he recibido en mi vida. Todo un ángel.
En aquel entonces, y en años sucesivos, Balleta trabajaba como un esclavo para darse el lujo, junto a su esposa, de viajar a Europa una vez al año.
Con la llegada del chavismo hace 18 años la calidad de vida de este profesional desmejoró notablemente. Ya no pudo pagar el arrendamiento de su lujoso consultorio y se mudó a un modesto local de dos cubículos en un centro comercial de Turmero que comparte con una excelente odontóloga, quien por cierto también me atiende a mí. En la antesala su esposa hace las veces de secretaria, pues ya no puede pagar una. Ayer, para mi sorpresa, a pesar de los bajos precios por sus servicios, mi espera no se prolongó por más de 30 minutos, pues en la sala no había más de 5 pacientes, yo era la segunda.
No cuento con cifras oficiales de embarazadas, pero las veo en las calles todos los días, más aún en los centros de educación media en donde la taza de maternidad en las adolescentes crece y crece, las veo en las colas con ecografía en mano para demostrar a un efectivo militar que su abultado vientre si corresponde a un embarazo y ello les permitirá comprar un paquete de pañales desechables para el bebé que está por nacer, las veo en las noches durmiendo en las adyacencias de farmacias y supermercados ocupando un puesto en la cola que les garantice al día siguiente un cupo para comprar leche, jabón y medicamentos, pero no las vi ayer en la consulta con su ginecólogo, porque la prioridad ahora en Venezuela se centra en la comida no en la atención médica.
Los embarazos sin supervisión médica son incontables, a pesar del tan nombrado virus del Zika que no asusta tanto a las venezolanas como las posibilidades de no poder abastecerse de pañales desechables y fórmulas lácteas para recién nacidos.
Mi segunda sorpresa fue cuando me anoté en la lista para odontología y la esposa de Balleta tomó el teléfono y llamó a la especialista, quien ya no pierde tiempo en esperar a los pacientes que no llegarán y se traslada a su consultorio sólo si aparece alguno. ¿Los precios? De infarto. Al igual que todo en este país, dolarizados.
Siguiendo la costumbre de todo buen venezolano, la especialista hace catarsis mientras me atiende. Yo, con la boca abierta, no puedo contestarle, pero la escucho con atención. Está contentísima porque ya es abuela, porque ayudó a su hijo y a su nuera en la ardua labor de abastecerse para afrontar la llegada del recién nacido, que vendió toda su ropa para comprar alimentos, que ahora anda fea y escachalandrada para no llamar la atención de los ladrones, que no puede adquirir nuevos insumos para atender a sus pacientes, que no encuentra repuestos para su carro, que no duerme bien pendiente que los ladrones no se metan a su casa para robarle comida y los insumos del recién nacido, que está cansada de no tener vida social y mucho menos nocturna, que no quiere que su hijo se vaya del país y se lleve a su nieto, que, que, que, que… toda una letanía.
Ambos profesionales, al igual que yo, están aguantando esta tempestad, resguardando a nuestros hijos, ayudándolos a sobrevivir la crisis, juntando los pocos ingresos monetarios para asegurar dos platos de comida, bajando de peso juntos y buscándole el lado bueno de las cosas. 
Ya no hay viajes anuales a Europa, porque ese dinero se destinará al pasaje aéreo para otro hijo que emigrará y verán su rostro por skipe, y escucharán su voz por teléfono y compartirán sus vivencias por Facebook.

Aún nos queda un segundo martes 13 en diciembre. Ojalá la mala suerte esté de nuestro lado esta vez.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Venezuela marcha por la paz

1 de septiembre de 2016

El cielo amaneció encapotado en mi país. Las horas que precedieron el alba de éste día estuvieron plagadas de acontecimientos que estremecieron no sólo el ámbito nacional sino internacional.
La muerte del cantante mexicano Juan Gabriel, ocurrida el pasado domingo, fue tan sólo el aperitivo de un manjar noticioso para cualquier periodista latinoamericano.


Hoy se llevará a cabo la anunciada Toma de Caracas, una concentración convocada por la oposición venezolana en contra del gobierno de Nicolás Maduro y en exigencia de la realización del Referendo Revocatorio de su mandato éste mismo año.

Desde hace varios días columnas humanas se movilizan desde los más remotos lugares de la geografía en peregrinación hacia la capital para manifestar su descontento. Los indígenas salieron de sus selvas, un cura párroco salió de su iglesia y hasta un grupo de minusválidos en sillas de ruedas fijaron rumbo hacia la capital venezolana.

Hoy es un día especial, cargado de energías premonitorias.

Agenda internacional

Ayer, 31 de agosto, 13 al revés, tras nueve meses de un polémico, intenso y dramático proceso de impeachment, el Senado de Brasil aprobó por amplia mayoría la destitución de la presidenta Dilma Rousseff por manipulación de las cuentas públicas, poniendo así fin a 13 años de gobiernos del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que fueron inaugurados en 2003 por el padrino político de la condenada mandataria, luiz Inacio "Lula" Da Silva.

Lula formó parte del equipo de mandatarios de izquierda que apoyaron las políticas del extinto presidente venezolano Hugo Chávez y sus esfuerzos por instaurar regímenes de izquierda en toda América Latina. En 2010 Lula sale del poder y entrega la banda presidencial a Dilma Rousseff y posteriormente se ve envuelto en escándalos de corrupción que desencadenaron la apertura de procesos judiciales en su contra. Haciendo esfuerzos por salvarlo de caer en la cárcel, Rousseff lo nombra responsable de la Casa Civil (especie de Primer Ministro), nombramiento que fue anulado por un juez brasilero, jugada ésta que en términos políticos le costó el cargo a la mandataria.

Hoy 1 de septiembre Brasil amanece con un nuevo presidente de derecha.

También el panorama de la acalorada y controversial campaña electoral presidencial estadounidense se incendió luego de que ayer, día 31, 13 al revés, el candidato republicano Donal Trump estuvo de visita relámpago en México y se reunió con el presidente del país azteca, Enrique Peña Nieto.

La versión más dura del discurso antiinmigrantes de Donald Trump cayó ayer como una profecía sobre Estados Unidos y, de paso, sobre México. A pesar de que durante la rueda de prensa conjunta no se habló de manera directa sobre la construcción del muro que propone Trump en la frontera entre ambas naciones, y de que Peña Nieto asegurara en declaraciones posteriores haberle dejado claro a Trump que México no pagará ni un sólo centavo por la construcción del nuevo Muro de Berlín latinoamericano, el candidato a la presidencia por el Partido Republicano fue claro y tajante a su llegada a suelo estadounidense: "México pagará el muro. Al 100%. Todavía no lo saben, pero pagarán por el muro".

Trump no es bien visto por la inmigración latinoamericana en suelo estadounidense, y hay quienes han llegado a compararlo con el extinto presidente venezolano, Hugo Chávez, por su discurso incendiario y acciones radicales.

Al escuchar a Trump yo misma no dejo de compararlo con Chávez, las ansias de poder son su único combustible, pero el poder en sí podría llegar a ser su propia destrucción, y la nuestra. No quisiera imaginarme de lo que sería para la humanidad si Trumpo llegara al poder para medir fuerzas con un político de la talle del presidente ruso Vladimir Putin.

El fin de los tiempos

Hoy, 1 de septiembre los ojos del mundo serán testigos del inicio del otoño con un eclipse anular de sol., Este eclipse se verá desde África, Magadascar, océano Índico e Islas Canarias, en donde será parcial.

Según los creyentes del fin de los tiempos en internet, la noche del 27-28 de septiembre traerá una "luna de sangre". Para los observadores del cielo, simplemente se refiere al color cobre que la Luna toma durante un eclipse, pero para algunos ministros cristianos, el cuarto eclipse y el final en una tétrada –cuatro eclipses lunares totales consecutivos, cada uno separado por seis meses lunares– cumple la profecía bíblica del apocalipsis. (Los primeros tres de la serie tuvieron lugar el 15 de abril del 2014, el 8 de octubre del 2014, y el 4 de abril del 2015).

En lo particular, el 28 de septiembre estaré cumpliendo 50 años de edad, una fecha cargada de mucha energía pues 2+8 es igual a 10 y mi nombre, Soraya, significa “las 7 Pléyades del Universo” en idioma persa. Si el eclipse anular de hoy se refiere al fin de los tiempos, yo lo veré como el fin de la oscuridad, el fin de las sombras, el inicio de un nuevo amanecer.

El saber vence la sombra

Hoy 1 de septiembre es un día significativo en Rusia, en donde se celebra el Día del Saber y del Conocimiento con el inicio de las clases en todo el país.

Esta mera casualidad me hace recordar la frase que da inicio a la segunda estrofa del himno de la Universidad Central de Venezuela: "Esta casa que vence la sombra", que según escribió Sabina Rodríguez, del diario El Universal, más que una estrofa es una imagen que refiere a la enseñanza y la educación que se imparten en la Universidad como vehículo para que las personas salgan de la oscuridad.

"Vencer la sombra" implica tratar de elevar los valores morales del ciudadano que, por su puesto, se reflejan en todos los aspectos de la vida. No se trata solamente de la enseñanza formal, sino de abrirles horizontes y caminos a los estudiantes para que contribuyan al mejor desempeño de la humanidad, refiere la colega venezolana.

Que hermoso ¿Verdad? No es por mera casualidad que hoy sea mi querida Caracas el escenario para abrir paso a un nuevo tiempo, y sean los jóvenes y los estudiantes venezolanos, los niños, los ancianos, los indígenas, quienes protagonicen ese cambio.

Control de contenidos

El control de los contenidos en los medios de comunicación social en Venezuela hace que el encender mi televisor y mi computadora en procura de imágenes en vivo, desde el mismo lugar de los acontecimientos, se convierta en una acción completa y absolutamente innecesaria. No necesito estar en la piel de un jefe de información para saber que la cautela será la prioridad. Los periodistas también sentimos miedo, y que jode.

Hoy, 1 de septiembre, el programa matutino Café CNN llegua a nuestros hogares con las imágenes y las voces de dos hermosas venezolanas, representantes no sólo de nuestra belleza física, sino también espiritual, mujeres con guáramo que se abrieron paso en un mundo que hasta hace pocos años estaba reservado eclusivamente para periodistas estadounidenses. Esto tampoco me parece una casualidad. La migración venezolana que comenzó con la llegada al poder del presidente Chávez ha logrado ocupar lugares clave, somos la migración mejor preparada, y no porque lo diga yo, así lo reflejan las encuentas en EEUU y Chile.

El sonido del teclear en mi computadora se mezcla con la voz de Maria Alejandra Requena, quien fuera ancla de Radio Caracas Televisión, canal de televisión que fue cerrado por ordenes expresas de Chávez el 27 de mayo de 2007. La voz de Mariale hace más acogedora mi área de confort aquí en mi querida Maracay, pues me llevan a mi infancia, a la Venezuela en la que me levanté, a la de las oportunidades, la que me vio bajar de un cerro, salir de un rancho e ingresar a una de las más prestigiosas universidades del mundo en Rusia.

También escucho la voz de Alejandra Oraa, oriunda de La Guaira, quien con su abundante pelo color azabache y amplia sonrisa imprimen un aire de frescura al programa. Ella salió del país después de la vaguada en La Guaira y miren que lejos ha llegado. Digno de admiración su trabajo.

Mientras escribo, trato de buscar información en la web sobre lo que sucede en Caracas. Mi amiga y colega Luz Mely Reyes, junto a su equipo reporteril de EfectoCocuyo, y mi amiga y colega Mabel Sarmiento, con su equipo de reporteros de Crónica Uno, están tratando de llevarnos minuto a minuto lo que sucede en la capital.

Los medios alternativos en la web se han convertido en nuestra fuente. Yo confío en la experiencia, la capacidad, el dinamismo, el profesionalismo y la veracidad de estas maravillosas colegas.

Yo desde mi casa, tecleo la crónica de mi Maracay, la que está en silencio, la que decidió hoy no abrir las puertas de sus comercios, la que anoche se recogió temprano, esa crónica del hombre y la mujer de a pie, de las emociones reprimidas de esta periodista que por años mantuvo silencios intermitentes y que hoy acompaña a su país con lo único que sabe hacer bien: escribir.

Dios te bendiga Venezuela!




sábado, 9 de julio de 2016

La Crónica Periodística: características


Lic. Soraya Borelly Patiño

Para construir la definición de La Crónica debemos tomar en cuenta los siguientes términos:
Chronos: Dios del tiempo en la mitología griega.
A menudo se confunde a Chronos, personificación del tiempo, con Cronos, rey de los Titanes y Dios del tiempo “humano” (del calendario, las estaciones y las cosechas), hijo de Urano y Gea y padre de Zeus.
Cronología: (también del griego chronos) ciencia cuya finalidad es determinar el orden temporal de los acontecimientos históricos.

Kronika biblios: (también del griego) libros que siguen el orden del tiempo. Es el  antecedente etimológico de la palabra en latín Chronica: relato que narra acontecimientos siguiendo un orden cronológico.
 
Partiendo de los términos antes conceptualizados podemos definir a la Crónica como una obra que consiste en la recopilación de hechos históricos o importantes narrados en orden cronológico.

Existen dos tipos de crónica: la literaria y la periodística.

La Crónica Periodística no acepta la fantasía, la Crónica Literaria puede darse el lujo de incluir la ficción.

Vamos a concentrar nuestra atención en la Crónica como Género Periodístico.
José Luis Martínez Albertos, periodística y catedrático español, la define como un “género híbrido que se encuentra en el medio, entre los informativos y los textos editoriales”.

Martín Caparros, escritor y periodista argentino sostiene: “La crónica es el género de no ficción donde la escritura pesa más. La crónica aprovecha la potencia del texto, la capacidad de hacer aquello que ninguna infografía, ningún cable podrían: armar un clima, crear un personaje, pensar una cuestión”.

Hay quienes la definen como un relato detallado, objetivo (o subjetivo en algunos casos)  y cronológico de hechos, acontecimientos e historias del que el periodista fue testigo y que no son considerados como una noticia.

Al momento de redactar una crónica es  importante tener en cuenta cuatro aspectos fundamentales: el contenido (el hecho que se narra), la forma (el enfoque que se le da al tema), el tono (la manera en la que el periodista se dirige a los lectores) y el efecto (los resultados que esperan obtenerse con ese escrito).

Características de la Crónica Periodística



Veracidad: La crónica se basa en un hecho verdadero o real.

Subjetividad: Informar+interpretar
El gran protagonista no es la información en sí,  sino la forma como el cronista interpreta la realidad de la que fue testigo. El cronista informa, pero tiene la libertad de incluir en el texto su punto de vista, valorar e interpretar los acontecimientos. El cronista se sumerge a fondo en lo que va a escribir, en la piel de los personajes, esa acción reporteril es racional y emocional, allí radica su carácter subjetivo. De igual modo ocurre con el reportaje o la entrevista, cuyos géneros también presentan un valor interpretativo.

Narración cronológica: El relato de los hechos mantiene un orden a medida que fueron ocurriendo en el tiempo.

Recursos literarios y lenguaje: La crónica es el género periodístico que utiliza recursos del lenguaje literario, los cuales hacen parte del estilo del autor. La magia de una buena crónica está en saber contar una buena historia, con un lenguaje sencillo, eficaz y claro, lo importante es atrapar el lector desde la primera hasta la última línea. Ésta debe estar redactada en un lenguaje entendible para toda clase de lector. El cronista debe valerse de un lenguaje más expresivo e incluso llegar a elaborar un estilo personal.

Libertad de redacción
La redacción de la Crónica Periodística es ágil, libre del corsé de las 5W y 1H (la técnica de la Pirámide Invertida: qué (what), quién (who), cuándo (when), dónde (where), por qué (why), cómo (how)). El cronista es libre de seguir el orden que le interese según la intencionalidad de su mensaje. La Crónica Periodística permite experimentar estructuras arriesgadas y diferentes. Estas estructuras no suelen ser lineales ni cronológicas. La crónica puede avanzar contando la historia desde diversos puntos de vista. Su éxito dependerá de la habilidad narrativa y del manejo de las técnicas literarias de las que disponga el cronista.
1. Pirámide normal: Siguiendo al pie de la letra el armado cronológico. En este caso el relato crece hasta el desenlace.
2. Martillo: Resume la información principal en las primeras líneas y luego relatando secuencialmente los hechos.

Periodismo en primera persona
En la Crónica Periodística es imprescindible que se escuche la voz del periodista, el lector debe percibir que un ser, tan humano como él, es quien narra la historia. La primera persona en la Crónica Periodística no tiene siquiera que ser gramatical, tan sólo debe existir un “Yo”. Un texto en  primera persona le dice al lector: yo estuve allí,  lo vi, lo viví,  lo supe, lo pensé. Los detractores de la Crónica Periodística sostienen que la primera persona le quita autoridad a lo escrito, prefiriendo la prosa informativa: despojada, distante, impersonal. De la misma manera se han hecho intentos de equiparar objetividad con honestidad y subjetividad con engaño, pero, ¿acaso no es un ser de carne y hueso quien escribe las historias?

Manejo de las emociones
El cronista echa mano de recursos y figuras literarias para ambientar y situar al lector. A medida que avanza la lectura se construye mentalmente un escenario plagado de lugares, olores, sabores, situaciones y personajes, en donde las emociones del lector puedan aflorar. El lector será presa de emociones como alegría, tristeza, rabia o amor. En la prosa informativa el informador escribe: “la escena era conmovedora”, en la crónica el periodista construye la escena para conmover

Textos con potencia
La Crónica Periodística no sabe de límites de espacio, su prosa se extiende por cuartillas y más cuartillas, nutriendo al lector con textos robustos y extensos, cargados de mucha sustancia literaria y de contenido. El cronista narra los hechos con tan nivel de detalle que los lectores pueden imaginar lo que sucedió. Cada palabra alimenta a un lector hambriento de más y más texto. La palabra cuenta con una fuerza avasalladora para construir, evocar, reflexionar, sugerir, soñar.

Cada historia cuenta
El cronista debe convertirse en un cazador en estado de alerta permanente, al acecho de historias  que puedan saciar su hambre de escritor y la de sus lectores. No existen historias pequeñas ni grandes. Toda historia es digna de contarse, pero dependerá del cronista si ésta llega a ser significativa y relevante.

Mirar, observar
El cronista mira, observa, un hecho, otros tan solo lo ven. Mirar es “dirigir la vista a un objeto”. Ver es “percibir por los ojos los objetos mediante la acción de la luz”. El cronista mira y observa lo que otros tan sólo ven. El cronista mira, mira y vuelve a mirar, busca y aprende, actitudes conscientes y voluntarias que le permiten contar un hecho con magistral destreza.

Evolutiva

La Crónica Periodística no es un género estricto y definido, sino que va cambiando a medida que lo hacen los tiempos, de allí la importancia de que el periodista-cronista asuma dichos cambios y evolucione con los nuevos tiempos.

domingo, 28 de octubre de 2012

Diario de Beslán

Foto: Reuters
Soraya Borelly Patiño 
El pasado 1 de septiembre se cumplieron ocho años de la toma de 1.181 rehenes en la escuela rusa N 1 de Beslán, en Osetia del Norte, acto terrorista perpetrado por musulmanes armados y que concluyó dos días después con el asalto del recinto por parte de las fuerzas de seguridad rusas con el trágico saldo de más de 370 personas muertas, 171 de ellos niños
Agunda Vataeva, una adolescente que junto a su madre, una maestra de primaria, estuvo en poder de los terroristas, revive en su blog la historia en primera persona de los tres días que conmocionaron al planeta y que cambiaron para siempre su vida. 
El pasado 22 de septiembre Vataeva publicó en internet una nota bajo el titulo “Despedida”, con la que puso punto final a una crónica que no concluyo con su liberación y la muerte de su madre, amigos de infancia y educadores, sino que se prolongó por espacio de todos estos años en las hojas de un diario al que ella misma hoy cataloga como ajeno.
“Todo tiene un comienzo y, como consecuencia, un final lógico. Cuando comencé a llevar este sencillo diario, el final de cada relato estaba asociado con una nueva etapa de mi vida. A veces, no terminaba mis notas, pero yo misma, mentalmente las concluía para después no regresar a ellas. Ya es hora de terminar este diario. Prácticamente, hace mucho que lo hice: escribo pocas veces, se me dificulta hacerlo, mis palabras no reflejan mis sentimientos. Mi diario de repente es ajeno, escrito por otra persona. Por ello, quiero despedirme y cerrar así un periodo más de mi vida, hace mucho que debí hacerlo”. Escribió la chica en su blog.
Con la serenidad de su prosa y la madurez de sus reflexiones, Vataeva se muestra decidida a mantener vivos los fantasmas que reposan en el pasado, pero que ella decidió no enterrar escribiendo su verdad, la verdad de una de las sobrevivientes de la mayor tragedia conocida en escuela alguna, cuando un grupo de 30 terroristas musulmanes decidieron tomar la vida de jóvenes inocentes, padres desesperados intervinieron para salvar a sus hijos y las fuerzas de seguridad del Estado ruso decidió acabar aquella toma de rehenes con un asalto a sangre y fuego. 

Las sombras vencen a la humanidad 

El 1 de septiembre de cada año es un día de júbilo en toda Rusia y las demás repúblicas de la extinta Unión Soviética. Es el Día del Saber, el inicio de todo el sistema de educación, desde preescolar hasta universitaria. Es el fin del verano y el inicio del otoño.
Las niñas visten uniforme de falda marrón, delantal blanco con encajes, y cintas blancas en su cabellera. Los varones lucen camisas blancas con corbata. Maestras y maestros hacen gala con sus mejores atuendos y todo el personal educativo participa en la decoración de las escuelas.
Los niños entregan flores a sus educadores, y estos retribuyen el gesto con abrazos y besos a granel.
Los más pequeños, preescolar y primaria, participan en la ceremonia inaugural, liberando miles de globos multicolores que volaran en señal de júbilo.
El 1 de septiembre es el día en que la oscuridad de la ignorancia es vencida por la luz del saber, pero lamentablemente el 1 de septiembre del año 2004 las sombras le ganaron una batalla a la humanidad.
Eran las nueve de la mañana cuando miles de niños ingresaron a la escuela N.1 de Beslan, en Osetia del Norte, despidiéndose de sus padres.
Lo normal del primer día de clases: llantos, gritos, rabietas, risas, abrazos, besos. Todo un caudal de emociones humanas a las puertas del templo del saber.
A las nueve y media, el colegio es asaltado por 30 sujetos cubiertos con pasamontañas. Entre ellos varias mujeres.
Antes de ingresar al colegio, los sujetos arremeten contra cinco policías que había a las puertas de la escuela.
Los hombres van armados con fusiles de asalto kalashnikov y en su cintura cargas de explosivos. Dentro de la institución 1.181 rehenes, la mayoría niños, quedaron atrapados.
Entre los rehenes se encuentra personal docente, administrativo, enfermeras y obreros, quienes miran aterrados el dantesco espectáculo y hacen intentos por tranquilizar a sus alumnos, entre 5 y 18 años de edad.
Una de las primeras acciones de los terroristas fue apartar un grupo de 20 hombres del resto de rehenes y fusilarlos con una bala en la nuca para después lanzar sus cuerpos al patio dejando bien claro su mensaje: “No queremos héroes”.
En cuestión de minutos los alrededores de la escuela se convierten en un hervidero: fuerzas especiales de asalto, miembros del ejército, servicio de inteligencia y seguridad nacional, equipo antiterrorista alfa, y los angustiados padres y familiares.
Los ojos del planeta estaban sobre Osetia del Norte. En las salas de redacción del planeta se buscaban antecedentes, fijando el foco en la toma de rehenes del Teatro Duvrovka de Moscú (dos años antes), hecho en que la administración de Vladimir Putin quedo muy mal parada, toda vez que las fuerzas especiales rusas –Spetnaz- decidieron introducir gas paralizante por los ductos de la ventilación, con lo que lograron entrar al recinto y ajusticiar a los terroristas que dormidos quedaron en los asientos, solo que la dosis de gas utilizado fue suficiente para acabar con la vida de 129 rehenes. En esta ocasión no había cabida para errores.
Los secuestradores exigen la intermediación del pediatra, Leonid Roshal. La periodista Anna Politkovskaya, miembro del grupo de mediadores en la toma de rehenes del Teatro Duvrovka, fue envenenada en un avión cuando hacia intentos por llegar a Beslán. Se salvo de milagro. 
Roshal logra obtener las demandas de los terroristas: la retirada de las tropas rusas de Chechenia y la independencia oficial del país.
Roshal también informa a los mandos de que todos los rehenes han sido llevados al gimnasio y rodeados de explosivos. Si a las fuerzas especiales se les ocurre hacer cualquier movimiento, los terroristas se inmolarán llevándose consigo la vida de 1.181 inocentes.
A pesar de los esfuerzos de Roshal, los terroristas rechazan el ingreso de medicinas, agua y alimentos a la escuela. Las condiciones de hacinamiento en el gimnasio eleva las tensiones y el 2 de septiembre las negociaciones entre Roshal y los secuestradores fracasan.
No obstante, al final de ese día se logro la liberación de un grupo de 11 enfermeras y 15 niños como un gesto de buena voluntad, gracias a la intervención del ex presidente ingusetio, Ruslán Aushev.
El 3 de septiembre los secuestradores permitieron la entrada de un equipo médico con orden de retirar los cadáveres que permanecían en el patio de la escuela en estado de descomposición.

El infierno

Versiones oficiales sostienen que mientras el equipo médico se aproximaba a los cadáveres, un terrorista detono por error una de las cargas explosivas que cubría el perímetro del gimnasio. A pesar de no haber causado víctimas, el hecho desato el caos. Los padres que también rodeaban la escuela decidieron actuar, creyendo que la entrada del equipo médico era una maniobra de distracción de las fuerzas especiales.
Se dijo que padres armados comenzaron a disparar contra los médicos y a ejecutar rehenes, hecho que detono la intervención de las fuerzas especiales con un asalto por tierra con tropas de asalto y tanques, y por aire con helicópteros de combate.
En medio de la balacera varios rehenes trataron de huir, pero los terroristas los acribillaron. Las fuerzas especiales abrieron boquetes en las paredes para permitir la salida de rehenes. Esta acción también cobro varias vidas inocentes.
Los terroristas accionaron las cargas explosivas del perímetro del gimnasio, dejando solo un amasijo de hierro retorcido, escombros y muertos.
El asalto se prolongo por espacio de dos horas.
Las fuerzas especiales se percataron de que faltaban tres terroristas al hacer el recuento de los cadáveres. De inmediato se activo la cacería.  Los tres  terroristas se encontraban apertrechados en el sótano, utilizando varios niños como escudos humanos.
De allí nadie salió con vida. Según la versión oficial, los terroristas ejecutaron a los rehenes y fue por ello que las fuerzas especiales actuaron sin contemplación.

A los brutos se les concede felicidad... a los débiles tristeza

Las notas de Agunda Vataeva, la adolescente sobreviviente de 9 grado,  comenzaron a archivarse en su computador portátil personal desde el mismo lecho del hospital al que fue trasladada con una fracturada abierta en su pierna y varias heridas de consideración. 
Seis años después, el 1 de septiembre de 2010, las crónicas de los tres días que duro la toma de rehenes vieron la luz en su sitio de internet.
“Si alguien tiene el deseo de compartir mis notas, o utilizar cualquiera de mis citas, no tengo objeción alguna”, escribió. 

DÍA 1  

En mi ciudad natal ocurrió un hecho espantoso que arruino mi vida. Su nombre: la toma de rehenes de la escuela N.1 de Beslán por un grupo de terroristas.
Amaneció. El día es cálido y asoleado. 1 de septiembre, el día preferido después de mi cumpleaños. Visto una blusa nueva, una falda negra y mis zapatos favoritos. Mi mamá viste su vestido preferido color beige. Desayunamos. Nos preparamos para salir, son las 8:10 de la mañana. ¡El día es maravilloso! Caminamos juntas por la avenida Nadterechanaya. El sol es tan brillante que me duele la vista. La calle está desierta, es muy temprano. Salimos temprano de casa porque teníamos la intención de terminar el decorado del aula de mamá.
Nos acercamos a la escuela. Sólo unas 40 personas están en el patio. La mayor parte posiblemente ya está adentro. Nada ha cambiado: los alumnos en grupos hablan sobre sus vacaciones, los maestros también hacen lo propio. Los alumnos de primaria llegan a la escuela con sendos ramos de flores y globos multicolores.
Mi madre y yo entramos a su aula. Todo el edificio huele a pintura fresca: Sveta y Alexander Mijáilovich no lograron concluir el trabajo a tiempo. Todavía faltan por instalar en el corredor algunos estantes.
Reina el silencio, el aula aún está desierta. Mamá escribe en la pizarra la frase: “Bienvenidos a clases”.
Salgo del aula y no encuentro a nadie de mi clase. Era de esperarse, ya estamos en noveno, sería un pecado llegar temprano. Recorro la escuela una media hora más, ninguno de mis compañeros aparece. Batika se encontró a Shalbo. Julieta Georgievna no ha llegado todavía.
Poco a poco han empezado a reunirse. Todos muy bien vestidos. Me encuentro a Dzera, ella es una madeja de nervios: tiene una mancha en los zapatos y necesita un pañito limpio. Corrimos hacia el aula de mi madre. Allí algunos niños están sentados. Las niñas tienen cintas rosadas en su cabello y en sus manos ramos de flores. Alguien graba a sus hijos en video, otros reparten globos entre los pequeños del primer grado, que según la tradición deben soltarse para que se eleven por los cielos. Le comento a Madina que envidio a esos niños: “Son tan pequeños y tan felices”. Luego, juntas salimos al patio donde ya están reunidos todos mis compañeros. Todos charlan al unísono mientras esperamos que se forme la fila.
Cristina, Dzera y yo hablamos sobre la camisa de Dzera… Nuestra conversación se interrumpe. En alguna parte, muy cerca de nosotros, se escuchan unos disparos. Volví mi cabeza y pude ver a tres chicos que corrían hacia la salida, detrás de ellos un hombre vestido de camuflaje, sobre su cara una espesa barba negra. El corría tras los niños y disparaba al cielo. Yo pensé: “Alguien está jugando una broma pesada, tal vez, tan solo se trate de una inspección”, pero en cuestión de segundos los disparos venían de todos lados.
Nos agrupamos. En el pavimento podían verse regados los ramos de flores, algunos zapatos y carteras. Nos sentamos pegadas a la pared. Se desató el pánico. Ellos nos ordenaron no gritar y dirigirnos a la sala de deportes. No le daban tiempo a la gente de entrar por la puerta, los empujaban y pateaban para que entraran en tropel. No entiendo porque, en mi cabeza tan solo revoloteaba la norma que tantas veces repetían nuestros maestros: “En caso de presentarse una situación de emergencia, que no cunda el pánico, mantener la calma”. Esa idea se apodero de todo mi cuerpo, todo mi ser, mi conciencia. Quería correr lejos de todo aquello, esconderme. Me decía: “Todo esto acabará pronto, se trata de un sueño”. Eran las frases que siempre escuchaba en las películas estadounidenses de Hollywood y me causaban gracia, pero en esta ocasión no quería reír. Eso que experimentaba era miedo y un fuerte deseo de vivir.
La puerta del gimnasio estaba cerrada, así que ellos partieron los vidrios de dos ventanas que daban al corredor para que entráramos. Todos hacían esfuerzos por saltar por las ventanas y rápidamente penetrar a la sala. Una vez dentro nos ordenaron ponernos en cuclillas y mantener absoluto silencio.
Entre la gente pude ver a Zarina, mi compañera de clase. Ella me tomo de la mano y la apretaba con fuerza, pidiéndome que por nada del mundo la soltara. Era extraño, en aquella situación no podía ayudarla, pero sentía que aquella mano aferrada a la mía era de vital importancia para mí. Se trataba de un apoyo mutuo, un sentimiento tan fuerte, que solo ayuda en situaciones tan extremas como la que estábamos viviendo en ese preciso momento. Nosotras nos apoyamos, estábamos una al lado de la otra, JUNTAS. Eso era lo realmente importante.
Lentamente entramos al gimnasio, una vez allí me percate de la presencia de mi más cercana amiga, Madina. Sin soltar la mano de Zarina me acerque a Madina. Las tres nos tomamos de la mano y nos acurrucamos como conejitos, así como ellos nos ordenaban.
La gente entró en pánico, hubo ataques de histeria. Para calmarnos, ellos tomaron por la fuerza a un hombre y amenazaron con matarlo si no guardábamos silencio. Hicimos un gran esfuerzo, pero el miedo y el pánico nos traiciono. De pronto se escuchó un disparo. Lo asesinaron… Silencio, silencio mortal. Solo el llanto de los más pequeños rompió aquel silencio.
Nos ordenaron deshacernos de teléfonos celulares, carteras y bolsos. Gritaban que fusilarían a 20 personas si se escuchaba el timbre de algún celular. Amenazaron con fusilar niños si no cumplían sus demandas. Los maestros convencieron a la gente de entregar todas sus pertenencias. Los celulares volaban por los aires amontonándose en un rincón. Un grupo de personas fue ubicado al otro lado de la sala, en ese grupo estábamos nosotras. Para ese momento ellos ya habían colocado explosivos, se trataba de unas 10 granadas, creo. Se movían con precisión y profesionalismo, como si lo hubieran hecho toda la vida.
Durante todo ese tiempo tan sólo pensaba en mi madre. No la veía en la sala. La buscaba con la vista entre toda esa gente sin éxito. De repente escuché una voz. Se trataba de la voz más agradable y más querida de mi infancia. Era su voz.
Ella le pidió a uno de ellos que le permitieran sentarse a mi lado, y por extraño que parezca, le permitieron hacerlo. Mi madre se acercó y se sentó junto a nosotras.
De inmediato comenzamos a bombardearla con preguntas, ¿Qué pasaría? ¿Era posible que nos liberaran? Mamá tan sólo respondía, tratando de mantener la calma, que todo estaría bien, que saldríamos vivas de todo aquello, que vendrían a salvarnos. Aunque la miraba fijamente y entendía que ni siquiera ella sabia como terminaría todo aquello, mi madre nos tranquilizaba, de la misma manera como lo hacía con sus alumnos, como si se tratara de unos niños. Si, niños, y es que efectivamente en ese momento éramos unos niños asustados. Si lo piensas bien, a pesar de estar en noveno año, nosotros éramos unos NIÑOS. En una situación como esa hasta el más experimentado adolescente se transformaría en un niño caprichoso y asustadizo. Yo no pretendía juzgarlos a ellos por lo que hacían, se trataban de una situación sumamente delicada, con una carga psicológica extrema. Era muy difícil mantenerse en pie y no flaquear.
Junto a nosotras había dos mujeres parecidas a viudas vestidas de negro. Llevaban puesto burkas, lo cual impedía que pudiéramos verles la cara. Tan sólo podíamos ver sus ojos y sus pies. Vestían ropa y zapatos deportivos. Con una mano sostenían una pistola mientras que la otra permanecía casi adherida a un cinturón con un dispositivo extraño. Su mirada era de hielo, carente de vida humana, dispuestas a todo. Eran justamente esas viudas negras quienes despertaban en todos nosotros miedo y horror. Sin embargo, al verlas, todos nosotros experimentábamos odio.
Antes, al escuchar hablar de estas mujeres suicidas sentía hacia ellas un profundo odio, me provocaban asco. Para mí una mujer ante todo es una madre, un ama de casa, una esposa… ¿Cómo puede una mujer asesinar a una persona inocente? La mujer fue creada para amar, y los hombres para defender a las mujeres, a los niños. Para mí la figura ideal femenina la representa mi madre. Ella transito una vida difícil, siempre amo y fue fiel a mi padre, nos dio una excelente educación, y lo más importante, su motor de vida era la familia y los niños.
Las viudas negras salieron del salón. Luego, ellos escogieron a 10 hombres de gran estatura y los sacaron de la sala. Un terrorista pasó muy cerca de nosotras. De repente se detuvo, murmuró algo, miró a Madina y enfurecido le grito: “Cubre tu honradez” y le lanzó una chaqueta. La falda de Madina era corta y dejaba ver sus rodillas. Asustada se cubrió. “Por lo menos no van a violarnos”, pensé.
La cara de ese combatiente me pareció conocida, creo haberlo visto alguna vez en Beslán. Le comente mis sospechas a Madina. Ella también admitió haberlo visto antes. Puede ser que ella también estaba equivocada. Ese sujeto tendría unos 35 o 38 años de edad, no más, y tenía una enorme cicatriz en la mejilla. Al comienzo de todo esto, ese hombre era quien se comportaba mejor. Aunque pensándolo bien, todos ellos al comienzo eran “normales”.
Ese primer día repartieron entre la gente hojas de papel para que pudieran abanicarse, nos permitían ir al baño. Ellos escogieron a varios chicos para que fueran al baño y regresaran con baldes llenos de agua que repartían entre los presentes en la sala. No obstante, la gente empezó a comportarse como “viejas en un mercado” y fue así como su generosidad comenzó a desaparecer. Ellos designaron a Zlata Sergeievna para que llevara a los niños al baño en grupos. Ya no permitieron la distribución de agua, había que esperar turno para beberla en el baño.
El tiempo transcurría muy lentamente. Hacía muchísimo calor, un calor insoportable. Poco a poco nos fuimos quitando la ropa sin llegar a descubrirnos mucho. Disponíamos de muy podo espacio, todas estábamos agolpados en unas escaleras. Hubo un momento en que pude romper mis medias de invierno y quitármelas sin ser vista. Los niños de primaria se ahogaban de calor en sus uniformes de tela sintética.
Pasaban las horas y continuábamos sentadas en el mismo lugar, conversando con Madina. Esto era como para volverse locos. Teníamos la sensación de que todo esto estaba sucediendo en un mundo paralelo. Era muy extraño estar conscientes de que todo el planeta sabía por lo que estábamos pasando. Tratábamos de ser optimistas, incluso, llegamos a hacer una que otra broma. No había otra manera de sobrellevar nuestra realidad. En lo personal estaba segura de que lo mejor era no llorar, no evidenciar desesperación ante los ojos de ellos. De ninguna complacerlos al demostrarles que tenían poder sobre nosotros. Esas eran mis razones para no decaer, pero por alguna extraña razón tampoco tenía ganas de llorar.

31-08-2004

La tarde anterior estuvimos en la escuela ayudando a mi madre a decorar su aula. Dzera y yo dibujamos un afiche de Pinocho y el alfabeto para los niños de primaria. Después organizamos lo que llamábamos el almuerzo del Club de Damas Moscovitas: lavash con mayonesa, un litro y medio de limonada que compramos por 9 rublos. Nos sentamos las tres en las diminutas mesas de primaria: yo, Batik, Dzera, Madina, Alina y mi primo Timur. Ninguno de nosotros habría presentido la tragedia que se nos avecinaba. Estuvimos allí felizmente reunidos, hablando, riendo y dibujando. Eran como las tres cuando decidimos ir a casa.
Teníamos la fantasía de ser parte del Club de Damas Moscovitas y con frecuencia organizábamos largas tertulias. Por lo general, era a las tres de la tarde cuando retornábamos a casa, justo cuando cerraba la escuela. Las reuniones del Club eran en la oficina 33 (la oficina personal de mi mamá).
Hubo ocasiones en las que perdíamos la noción del tiempo y luego de cerrada la escuela teníamos que salir por las ventanas. Pero siempre existía esa sensación de quedarnos por siempre en aquel lugar tan sagrado y querido. Incluso, queríamos dormir allí. Ese era el pequeño deseo del Club de Damas Moscovitas.
Esa tarde, como a las dos, mi madre se dirigió al departamento de pasaportes para gestionar nuestros documentos de identidad y ciudadanía. Por alguna razón había un retraso en su llegada, claro, tomando en cuenta que debíamos pagar un soborno para obtenerlo más rápido. Gracias a la intermediación de un amigo policía pudimos obtener como “un favor”, lo que por ley ese mismo policía estaba en la obligación de hacer “como un deber”. Casualmente, al día siguiente, el 1 de septiembre, mi madre se preparaba para asistir a su primer día de clases con un “hermoso” pasaporte.

La primera explosión

A eso de las 5 de la tarde se escuchó una explosión. Se sintió dentro de la escuela, no muy lejos del gimnasio, en donde nos encontrábamos. Al cabo de unos minutos los rebeldes trajeron a la sala a un hombre herido, uno de los que minutos antes habían sacado.
Cerca de nosotras estaba sentada Fátima, la enfermera de la escuela, y fue por ello que el hombre herido fue colocado junto a nosotras. Ella pidió que le permitieran ir a la enfermería por medicamentos, solicitud que fue denegada. En vista de ello, tuvo otra opción que vendar la cabeza y el hombro de aquel hombre con una camiseta. Alana Kazanova se esforzaba por ayudar a aquel hombre, le limpiaba las heridas, le daba de beber agua, lo abanicaba para darle un poco de aire fresco. Todos nosotros estábamos inmersos en un gran estupor, pero la actitud de Alana fue ejemplarizante. Para mí, ella es una heroína. En ese momento sentía por ella gran orgullo, mientras que por mi sentía vergüenza.
El herido estuvo cerca de nosotras por largo tiempo, pero después, no sé qué sucedió. De un momento a otro desapareció.
Al final de aquel día ya habíamos olvidado el hambre y la sed. Era como las 8 de la noche cuando comenzó a llover. Enormes gotas golpeaban con fuerza en los ventanales. Por cuanto estábamos sentados cerca de las ventanas rotas, abríamos la boca haciendo esfuerzos por atrapar algunas gotas de lluvia. Las ganas de beber agua se despertaron. Mi madre nos cubría con su chaqueta, protegiéndonos del agua, pero yo me destapaba y regresaba a la lluvia. Debajo de aquella lluvia me sentía reconfortada. Creo que éste es el mejor recuerdo que conservo de todo aquel infierno.
Todos colocaban pañuelos y ropa en los ventanales para que se mojaran y así poder chuparlos o tan solo colocarlos sobre la cara. La lluvia refrescó el ambiente.
Por cierto, ya seria la hora de la cena cuando ellos trataron de instalar un televisor en el gimnasio (en un intento por distraer a los rehenes con los noticieros), pero no tuvieron éxito. Después se llevaron el televisor. Ellos dijeron que los noticieros dieron la cifra de 354 rehenes. En ese momento sentimos indignación, enojo, desesperanza, odio.
El pequeño deseo del Club de Damas Moscovitas
Llegó la noche y no teníamos ninguna noticia. Queríamos dormir, beber agua, pero no tenía hambre. Durante el día alguien repartió algunos chocolates, pero no quise ¿Para qué, si luego querría aun mas?
Poco a poco mucha gente se fue aglomerando a nuestro rededor pues estábamos junto a L.A., la directora de la escuela, ello proporcionaba al grupo una sensación de seguridad. Ella… la verdad… no creo que estuviera vinculada con los terroristas, pero nos decepcionó muchísimo como maestra, como ser humano y como una persona de edad avanzada. Considero que aunque se tengan 90 años, no puedes llevarte a la boca una medicina si a tu lado hay niños que se desmayan. No se puede actuar con egoísmo cuando eres el centro de todas las miradas, cuando todos se acercan a solicitarte ayuda, cuando las madres te piden una pastilla y tú respondes “no, no tengo más” mientras mantienes en tu boca esa pastilla que tanto se requiere. En una situación así no hace falta ser el héroe, tan solo se debe ser humano, con letras mayúsculas. Puede que no tenga la razón, pero es mi manera de ver las cosas, esa es mi moral.
Desde el primer día hicimos esfuerzos por no decaer, por mantenernos firmes, porque el pánico no se apoderara de nosotros. Por cuanto Zalina era sicóloga, varias veces la había escuchado decir que lo mejor era no entrar en un ciclo destructivo con todo lo que pasaba a nuestro alrededor. Entonces bromeábamos, incluso, echamos mano del humor negro. Sí, decidimos mantener una actitud positiva.
Durante toda la noche nos turnábamos en parejas para dormir en el suelo una hora. Mientras mi madre y Zarina dormían en el suelo, Madina y yo permanecíamos sentadas en un banquito. Cada hora nos cambiábamos de lugar. Algunos se recostaban sobre las rodillas o los hombros de otros. En general, estábamos devastados. En la madrugada el ambiente refresco. Los niños desvelados lloraban sobre los brazos de las madres exhaustas. En medio de toda aquella desesperanza se cumplió el pequeño deseo del “Club de Damas Moscovitas”, dormir en la escuela. Ojalá que nunca se hubiera cumplido.



DÍA 2

El segundo día, el más largo

Nos despertamos muy temprano, era como las siete. Al igual que el día anterior, el clima era cálido, sofocante. No teníamos hambre, pero sí una sed tremenda. Teníamos la boca seca. Queríamos dormir un poco, pero con ellos allí no se podía dormir.
De repente ellos empezaron a disparar, sólo Dios sabe para qué. A lo mejor, para demostrar que aún estaban allí, armados y apertrechados. Nosotros permanecíamos sentados en nuestro pequeño espacio, nadie se movía. Con cada disparo los bebés rompían a llorar, las madres se ponían histéricas. Ninguno de ellos sabia que hoy vendría el abuelo bueno de Aushev y se los llevarían (a las madres con bebes de pecho). Nosotros seguiríamos allí, esperando. Luego de la visita de Duzhev renació en todos la esperanza, para ser exactos, volveríamos a nacer, pero eso sucedería solo al final de la tarde.
Durante la jornada de ayer ellos caminaban en círculos por la sala gritando: “Nadie hace contacto con nosotros, nadie los necesita. Saldremos todos juntos de aquí con los pies mirando hacia adelante, nos ahogaremos juntos”.
Efectivamente, ni Dzasójov, ni Ziázikov se ponían en contacto.
L.A., la directora de la escuela dijo: “En la sala se encuentran los hijos de Mamsurov, prueben comunicarse con él”. Fue entonces cuando se pusieron de pie Zamka y su hermano. Ambos fueron conducidos a algún lugar, creo que a la sala de profesores. Pero, como pudo Lidia Alexandrovna traicionar a esos niños? Hasta nosotros, los estudiantes de educación media, adolescentes, entendimos que su acción era una vil traición. Acaso no era mejor guardar silencio? Ella reacciono de la misma vil manera cuando le preguntaron quien era de la administradora de la escuela. “Sveta, ¿en dónde está Sveta?” Respondió la directora, buscándola entre la gente. Gracias a Dios a ella no le hicieron nada, pero no había derecho. Ella habría podido decir: “No vino a trabajar porque estaba enferma”, y nadie la habría contradicho. Lo mismo se aplicaba a Fátima (la enfermera). Aunque, pensándolo bien, no sé cómo habría actuado yo de encontrarme en su lugar en una situación igual, estamos hablando de la vida de mil y pico de personas.
Al final del primer día nos dimos cuenta que estaban negociando con alguien y presentaron tres demandas:

1. Retirar las tropas deChechenia.
2. La presencia en el sitio de Vladimir Putin, Dzasójov, Ziázikov, Roshal y Aslajánov.
3. La separación de Chechenia dela Federación Rusa.
Los adultos se dieron cuenta de que no saldríamos con vida de allí luego de conocer las demandas de los terroristas. Cumplir con las tres exigencias era imposible.
Los niños, en su ingenuidad, preguntaban sin cesar: ¿Por qué no hacen lo que piden? ¡Que retiren esas tropas! ¡Que vengan esas cinco personas! ¿Qué es tan difícil?
Yo también me formulaba las mismas interrogantes, pero mi madre nos explicó que todo aquello era imposible de cumplir. Tardarían años en retirar las tropas. Ella lo dijo, pero no le creí, yo pensaba que todo aquello era sencillo. En ese momento yo no sabía que para el mundo no valíamos una carajo, que no le hacíamos falta a nadie. Yo pensaba creía que todo el mundo era noble y que esas cinco personas vendrían de manera noble y voluntaria a cambiar sus vidas por las nuestras. Yo estaba muy pequeña, era muy ingenua y tonta. Incluso, los terroristas eran más inteligentes que yo en ese sentido, tenían razón cuando gritaban que nadie se preocupaba por nosotros, que juntos estiraríamos la pata allí mismo, que nos ahogaríamos juntos, que escupirían sobre nuestras tumbas.
Cuando supimos del inicio de las negociaciones, escuche decir a alguien que ellos exigían la presencia de Rozhalia, pero escuche mal y lo confundí con Ruzhailo.
Recuerdo haberle preguntado a alguien: “¿Para qué quieren a Ruzhailo. Acaso Putin no lo saco del puesto?” Entonces me aclararon mi duda. En ese entonces yo no sabía quién era Rozhal. Había escuchado que era un pediatra que viajaba por el mundo ayudando a la gente. Incluso, me pareció haber escuchado ese apellido durante la toma de rehenes del teatro Duvrovka, en Moscú.
Ellos no permitían que tomáramos agua, aseguraban que estaba envenenada. Nos dejaban ir al baño de manera selectiva. A las puertas del baño se formaba una cola que ellos disolvían con gritos y amenazas.
El segundo día fue largo y tedioso, demasiado quizá. No teníamos nada que hacer, se nos dormían las piernas, lo único que queríamos era tomar agua e ir al baño.
Nosotras continuábamos sentadas en el mismo lugar, hablando de cualquier cosa. No teníamos animo, pero, sin embargo, hacíamos esfuerzos por hacer pequeñas bromas.
De vez en cuando sonaba un celular (hoy me resulta gracioso recordar a un terrorista hablando por un diminuto celular con forro color rojo, evidentemente femenino. Sólo que en ese instante no nos fijábamos en ello). La melodía era Nokia Tune. Hoy, cuando escucho ese sonido experimento un estado de alerta y ansiedad.
Una vez más sonó el celular. Ellos hablaban en voz alta, gritándole al celular. A veces eran irónicos. Quizá pensaban que sus interlocutores mentían descaradamente. No utilizaban groserías, o no se escuchaban. Nosotras estábamos ubicadas en un sitio privilegiado en donde todo se escuchaba. En lo que a mí respecta, fue mucho lo que escuche. Junto a mi había una ventana, lo que nos permitía respirar un poco de aire fresco, con respecto a otros que se ahogaban en el centro de la sala. El enorme grupo estaba sentado de manera tan compacta que el aire se agotaba y al final de ese segundo día caían desmayados.
Madina y yo ocupamos un puesto en la hilera humana que se dirigía al baño. Pasamos junto a Albina Viktorevna, quien sostenía en su regazo a una alumna de quinto grado. La niña yacía casi sin fuerzas mientras que A.V. le acariciaba el pelo con sus manos, con voz dulce y pausada respondía a sus respuestas y trataba de calmarla.
Al percatarse de nuestra presencia Albina Viktorevna nos pregunto si estábamos bien. Con mucha suavidad atino a decirnos: “Todo saldrá bien”. Sentí una alegría enorme al verla, como si se tratara de un pariente querido que no hubiera visto en años. Este nos lleno de ánimo, a Madina y a mí.
En esa misma hilera encontramos a nuestra amiga Dzera y le preguntamos en donde estaba sentada. Madina trato infructuosamente de convencerla para que se sentara en nuestro grupo, pero Dzera dijo que estaba junto a Zarina V y que no la dejaría sola.
Proseguimos nuestro peregrinar hacia el baño, solo que en esta oportunidad “ellos” nuevamente disolvieron la cola con gritos y amenazas.
En la manan del segundo día junto a mi paso uno de ellos con unos periódicos en la mano. Percibí el olor a papel fresco y empecé a preguntarme de donde habría sacado esos periódicos. Me hice la misma pregunta cuando uno de ellos paso a mi lado con un balde de agua, a pesar que decían que estaba envenenada.
El día transcurría lento… Ningún movimiento, ninguna noticia. Ya casi no teníamos fuerzas para una broma mas, el ánimo decaía, pero buscábamos fuerzas para mantenernos.
No nos permitían ir al baño. No repartían agua desde el inicio de la toma de rehenes. La situación cada vez era más difícil para todos.
De repente se inicio un movimiento extraño entre los terroristas. Levantaron a la directora L.A. y se la llevaron con rumbo desconocido. Al cabo de un rato ella regreso acompañada con un hombre vestidos de camuflaje militar. Jamás lo había visto. La directora dijo unas palabras y acto seguido comenzó a hablar el. No pude escuchar lo que dijeron por encontrarme cerca de la puerta, pero cuando dejaron de hablar los rehenes comenzaron a reír y aplaudir, algunos lloraban.
Yo pensaba que la situación era ya muy pesada para muchos, sicológicamente. Muchas madres se levantaron con bebes en sus brazos. Luego, corrió hasta nosotras el rumor que ese señor, Aushev, las sacaría de allí. Gracias a ese señor se salvaron muchas vidas.
Desde el primer momento las mujeres hacían listados de cuántos niños pequeños había en la sala, y al mismo tiempo sembraban en sus madres la esperanza de que pronto saldrían de allí. Perdí la cuenta de las veces que la gente hablaba entre si dando una hora exacta de la liberación de las madres con sus críos. “Dentro de una hora, dos horas, en la tarde, mañana a las 11”. Por lo visto, la esperanza ayudaba en momentos de extrema dificultad.
Una vez que se retiro Auzhev mejoro la atmosfera en la sala, aunque no aminoraba el calor. Un anciano se sintió mal. Junto a él estaba sentada una mujer vestida de negro, quien solicito ayuda a los terroristas, recibiendo como respuesta: “No le daremos nada, que se muera”.
La mujer reacciono con indignación contra aquel guerrillero, quien no dudo en colocar su arma justo en la cara de la mujer. Ella no tuvo miedo y llego a decir algo como “dispara”.
De alguna parte salto Lidushka gritando: “Muchachos, por favor, no es necesario. Tengan piedad de una viuda”.
Esa mujer tenía un rostro hermoso, pero firme, con líneas muy bien definidas. Aquella mujer sobrevivió. Fue transportada a un hospital de Moscú con fractura de cráneo abierta.
Entre las 9 y las 10 de la noche despertó en los terroristas un poco de humanidad. Permitieron que las personas mayores y estudiantes, por iniciativa propia, pasaran la sala de entrenamiento. Allí el ambiente era más fresco, hasta ese día jamás había entrado al lugar.
Nos sentamos sobre el piso desnudo de cemento. Jodov nos dejo allí y salió de la sala. En la sala de entrenamiento hacía guardia un terrorista que llevaba la cara cubierta por un pasamontañas, sin embargo podíamos ver que tenía un ojo morado, un hematoma.
Este hombre nos permitió entrar a las duchas, algo que resulto ser un alivio. Todo el día habíamos aguantado las ganas de orinar.
Entre a la ducha junto a Madina y su hermano menor Dzambiko. El suelo estaba cubierto de vidrios rotos, por lo que tuve que cargar al niño. Era sumamente delgado y alto. En las paredes había afiches de futbolistas, basquetbolistas y voleibolistas. Mientras que Madina estaba en el baño, yo entretenía al niño hablándole de futbol, su pasión. Luego fue mi turno, pude tomar agua. Creo que en mi vida no he vuelto a probar un agua tan divina y agradable, ella calmo mi sed. Me daba igual si estaba envenenada o no. Tuvimos que regresar rápido a nuestros lugares ante las amenazas del terrorista, pues todos tenían que ir a baño y el estaba preocupado por el pronto regreso de Jodov, sin embargo, este se percato de que los rehenes habíamos estado en las duchas y la emprendió a gritos contra el uniformado.
Nos acostamos a dormir. Mi madre coloco a su lado a Dzambika, era apenas una criaturita, uno de sus consentidos. Yo busque un lugar a su lado tratando de alcanzar con mis brazos a mi mama. El niño estaba semidesnudo y por cuanto tenía problemas con sus riñones, mi madre y yo tratábamos de calentarlo.
Ya nos habíamos acostumbrado a las descargas de armas automáticas. Casi sin darnos cuenta nos quedamos profundamente dormidos teniendo de fondo la “música de las balas”.

DÍA 3

3 de septiembre de 2010 2:48 a.m.


Para ser honesta, no pude escribir sobre el Día 3 paso a paso. Las memorias que guardo de ese día me producen un dolor tan profundo, que me impide plasmarlas en el papel. He tratado infructuosamente de terminar mis notas, pero se me dificulta recordar todo de principio a fin.

El desenlace

Nos despertamos temprano. Era aproximadamente las 6. Aun estaba oscuro cuando nos llevaron de vuelta a la sala de deportes. Nuestros puestos en las escaleras ya habían sido ocupados, y como resultado fuimos a parar en el centro de un anillo humano, justo en la mitad de la enorme sala.
El tiempo transcurría lento, demasiado. Hubo momentos en que pudimos dormir. Nos moríamos de sed. Ya no teníamos fuerzas siquiera para movernos un poco.
Vi a algunas personas que sostenían en sus manos recipientes con un liquido amarillo, de inmediato no comprendí de que se trataba, era orina.
Durante todo ese tiempo junto a Zarina estuvo su primo, de primaria. Ella se preocupaba mucho por su débil estado, pedía agua constantemente, estaba deshidratado. No recuerdo de donde ella saco un recipiente medio roto y lo lleno de orina para darle de beber a su primo, al tiempo que le mojaba la cara y la suya también. Aunque mi sed era mucha, no pude superar el asco que me producía el líquido. Zarina tan solo llego a mojarme la cara y los labios. En aquel momento no me pareció tan asqueroso.
Cerca de nosotras estaba sentado un niño que estaba al borde de la histeria. Pedía nuestros números telefónicos como queriendo aprenderlos todos de memoria para llamarnos cuando todo esto terminara.
Cuando el niño se percato de que estábamos usando orina, lanzo el recipiente lejos y comenzó a gritar que no tomáramos ese “aceite”.
Queríamos dormir. Ya no soñaba con nuestra liberación sino con la muerte, porque me parecía el final más probable. En ese tercer día tan todos queríamos un final, cualquier final, con tal de que todo esto terminara.
Extremadamente débil y soñolienta, me acosté sobre el piso para dormir, pero los guerrilleros amenazaron con fusilar a todo aquel que se desmaya perdiera le conocimiento. Fue entonces cuando mi madre dijo: “tenemos que levantarnos”. Debido a que ya no teníamos fuerzas para permanecer sentadas sin apoyo alguno, Zarina y yo apoyamos nuestras espaldas, la una de la otra. Mi madre también estaba sumamente cansada.
Zarina me pregunto la hora. Durante todo este tiempo pude orientarme con la hora, pues cargaba conmigo mi reloj preferido color rojo que me regalo mí hermana. Era la una de la tarde. Sonó un teléfono. Llamaban con frecuencia a los terroristas y ellos nos contaban todo cuanto les decían, o al menos así me parece.
“Están retirando al ejercito de Chechenia”, dijeron. “De confirmarse esa información comenzaremos a liberarlos poco a poco”, agregaron.
Justo en ese instante, por primera en tres días, me embargaron unos enormes deseos por llorar, porque había esperanza de que todos saliéramos de allí. Luego… solo perdí el conocimiento y cuando volví en si el techo se estaba quemando sobre nosotros, todo se desmoronaba, a mi alrededor había gente tirada por todos lados.
Lo primero que vi cuando me levante fue el cuerpo calcinado de un terrorista sobre una silla, el dispositivo con explosivos había estallado y otro terrorista le echaba agua con un balde.
Los terroristas nos gritaron que saliéramos de la sala hacia el corredor. Mi madre y yo salimos de allí juntas. Llegue a ver una herida en mi mano izquierda, pero no vi ni sentí otras. Mi madre tenía un agujerito pequeño en el omoplato derecho. De camino a la salida trataba de caminar con cuidado, había cuerpos por doquier, fragmentos del techo, pedazos de madera humeante. Junto a la puerta vi algo que aun ronda por mi cabeza cada vez que pienso en el atentado… Vi el cuerpo de una niña delgada. Cuando mire más arriba de su cuello no veía la parte superior de su cabeza, su cerebro estaba descubierto, un amasijo medio blanco medio rojo sobre una hermosa carita, pero muerta. Ese fue el momento más espantoso, cuando realmente tuve conciencia de que todo aquello era real.
Los terroristas nos llevaron de la sala de deportes hacia el comedor. Allí algunos rehenes pudieron tomar agua de baldes y los niños comían galletas con desesperación. Lejos de mi pude ver a un hombre que sostenía un niño en sus brazos. La criaturita llevaba pantalones y una camisa blanca, en el centro de la cual tenía un enorme círculo rojo. El niño respiraba con dificultad y al hacerlo emitía un ronquido como el de un extraño animal. Al verlo mi madre me pregunto: “¿Ese es mi Vovka?” Creí reconocerlo, pero en aquel angustiante momento no podía estar segura de nada. Era como si mis ojos, mi conciencia, mi psique me hiciera una mala jugada.
Una pequeña de unos ocho años se aferro a mi madre y le decía: “Galina Jadzhievna, yo la conozco. ¿Me puede llevar a vivir a su casa? Mi mama y mi hermana murieron. Estoy segura de eso. Yo misma vi cuando de su boca salió sangre. Lléveme a vivir con usted. Yo sé vestirme sola y bañarme también, si? Por favor”. Mi madre tan solo movía la cabeza buscando una respuesta, trato de tranquilizarla y la mantuvo cerca.
Los terroristas obligaron a los rehenes a colocar a los niños cerca de las ventanas (en el comedor estaba protegidas por barrotes) para que sacudieran trapos blancos y gritaran a los soldados que no dispararan. Las mujeres no quisieron utilizar a sus hijos como carnada y ellas mismas se colocaron frente a los ventanales. Los demás estábamos tirados en el piso (a mi casi me ahogaron, mi madre me ayudo a salir debajo de una montana de cuerpos).
Luego hubo otra explosión, muy potente. En ese momento yo miraba hacia el techo cuando una oleada caliente me cubrió de pie a cabeza. Tan solo llegue a pensar: “Este es el fin, llego la hora de mi muerte”.
Desperté. La palma de mi mano colgaba, la sangre banaba mi querido reloj. Me fije en mi pierna y vi que debajo de la rodilla tenía una herida de donde sobresalía algo blanco, brillante, parecido a un hueso. No me dolía nada, tan solo resultaba difícil levantar mi mano y mi pierna. Mi madre yacía a mi lado. “Mi pierna”, alcanzo a decir. “Vete”, agrego.
Nunca podre perdonarme el haber cumplido su orden. Di la vuelta y me fui, dejándola allí. Aun no comprendo que fue lo que paso por mi mente, por qué ese acto de traición.
Gatee hasta las ventanas con los vidrios rotos, junto a las cuales estaban las tuberías de la calefacción. Sobre esas tuberías yacían los cuerpos de dos niños semidesnudos. Eran muy parecidos, como hermanos. Sus ojos… Al parecer, estaban en la ventana sacudiendo trapos blancos, o tal vez quisieron lanzarse hacia la calle.
Para alcanzar la calle me faltaba tan solo un movimiento cuando mi pierna herida de atasco en una grieta. No sentía mi pierna, no podía encontrarla siquiera, la halaba, hacia toda clase de esfuerzos sin éxito.
Abajo me esperaban los soldados. Me gritaban: “! Vamos cariño, tu puedes!”. Pero yo no podía hacer nada. La impotencia y la desesperanza se apoderaron de mí y rompí a llorar. Por primera vez, después de tres días, realmente estaba llorando. Saque fuerzas de donde no las había y como pude libere mi pierna. Sentí cuando unos brazos me sostuvieron con fuerza, me colocaron sobre una camilla, me sacaron por varias puertas, me metieron a una ambulancia y me llevaron no sé dónde. Durante todo el trayecto mi pierna derecha se mecía a voluntad de manera extraña. Una mujer en la camilla de al lado tomaba agua con desesperación. A mi todo me daba igual. No tenía fuerzas siquiera para sentir alegría.
Luego me encontrarían mis familiares, me trasladarían al hospital de Vladikavkaz en donde compartiría la misma sala de operaciones con mi mamá, pero solo lo sabría después. Posteriormente liberaría una feroz batalla conmigo misma, tratando de convencerme de que no me encontraba en cautiverio. Leeré a mi hermana los artículos de prensa y de manera casual encontraré las notas de condolencia por el triste fallecimiento de mi madre. Por teléfono me dirán que no existe el Club de Damas Moscovitas, que Dzera murió, que Arcena no se encuentra entre los vivos, que Alanka –mi heroína durante los tres días de cautiverio- murió, que a Sabina la velaron en un ataúd cerrado después de la autopsia, que Alvina Viktorevna logro sacar algunos niños, que los más fuertes y nobles fallecieron, que se quemaron, que desangraron… Y una cuenta interminable de que…
Aun hoy hay gente que muere a consecuencia de este acto terrorista. Aun hoy hay gente que vive una y otra vez las horas de terror de eses tres días. Yo misma, tan solo he podido siquiera la mitad de todo.

4 de sept, 2012

La memoria – una cosa maravillosa: ella trata de olvidar todo lo malo, todo lo horrible, aquello que duele. Hoy no he pensado en nada. Durante tres días no he recordado nada de lo que sucedió No leo horribles artículos de prensa sobre aquel acto terrorista. Lo hago, solo si el tema gira en torno a las investigaciones o las labores de rescate. Más sin embargo, esta noche algo me impulso a escarbar en mis recuerdos. Sentimientos maravillosos: leo mis notas como si fuera un lector más, ajeno a todo. Ya no lloro. No me duele. No permito que nada de esto me afecte. Después de ocho años he aprendido a sobrellevarlo. Soy feliz porque esto pasó hace mucho. Es difícil describir mis sentimientos, explicarlos. El tiempo no cura las heridas, pero las anestesia para que no duelan”, escribió Agunda Vataeva en su blog.

Nota:

Si desean mas información sobre el tema puedo recomendarles los siguientes links:

http://yahel.wordpress.com/2010/04/28/la-masacre-de-beslan-relatada-por-los-ninos-sobrevivientes/
http://www.larepublica.pe/node/121498/print
http://www.elmundo.es/elmundo/2004/09/02/internacional/1094130608.html