miércoles, 19 de marzo de 2014

Crónicas desde Venezuela

Miércoles 19 de marzo de 2014. 6:15 a.m.  

Hoy se cumple un mes de la detención en Ramo Verde del líder opositor Leopoldo López. Ayer en la Asamblea Nacional se inició la discusión para la apertura de un proceso que allane la inmunidad parlamentaria de la diputada opositora María Corina Machado y la apertura de un antejuicio de mérito en su contra. También se instaló la Comisión de la Verdad, organismo que estará integrado por 9 diputados, 5 del Gobierno y 4 de la oposición. Desde Ramo Verde, Leopoldo López envió con su esposa una carta a sus seguidores para que continúen en pie de lucha. La marcha de la oposición de ayer exigiendo la libertad de los presos políticos se desarrolló con toda normalidad y con final feliz. En asamblea nacional los estudiantes decidieron continuar las acciones de protesta aunque ello ponga en peligro la estabilidad académica. Ayer la suma de muertos aumentó a 31 luego de que un estudiante recibiera un disparo en la cara y un trabajador la Alcaldía de Libertador también recibiera herida de bala. El Gobierno dice que cancelará por cuotas la deuda que mantiene con las aerolíneas, pero no dice cuando. También el Gobierno criticó la decisión de Air Canadá de suspender vuelos hacia Venezuela. El director del diario El Nacional dice que el Gobierno discrimina a éste medio y al Impulso de Barquisimeto. Ayer el diario Últimas Noticias, pro oficialista, recibió su dotación de moneda extranjera para compra de papel. Medios colombianos ofrecen papel para periódicos venezolanos. La alcaldesa de Maracaibo le responde al Tribunal Supremo de Justicia: “Si el Gobierno con todo su poderío policial y militar, con la Policía Nacional Bolivariana, con la Guardia Nacional, con la milicia y los colectivos no ha logrado controlar las protestas y barricadas, lo voy a hacer yo?” El Gobierno de Panamá acude a organismos económicos internacionales para lidiar con Venezuela. El Gobierno panameño denuncia que desde Caracas se está financiado a un candidato de la oposición, interfiriendo así en la campaña presidencial de ese país.
Desde Europa se anuncia que Venezuela es el país más atractivo para hacer turismo, y no lo dudo, pues resulta muy beneficioso para cualquier turista cambiar su moneda en el mercado negro y recibir un fajo de billetes que podrá gastar a manos llenas, claro está, que las agencias de viajes también están invirtiendo mucho capital en alquiler de camionetas full equipo de pequeñas proporciones y agentes de seguridad que acompañen a los turistas. Maracay, punto de descanso antes de emprender camino hacia Ocumare de la Costa y Choroní, está llena de turistas extranjeros.
Hace unos días, en el ascensor de un exclusivo hotel de la capital aragüeña escuché a un extranjero, quien en inglés hablaba por teléfono y comentaba que estaba alojado en la suite presidencial, una habitación que en su país costaría 2 mil dólares diarios, pero que al cambio en nuestro país apenas estaba pagando 150 dólares, el único problema era que no podía salir a la calle por temor a ser robado y que los transportaban para todas partes con seguridad, pero bien valía la pena el esfuerzo porque estaba gozando un montón, bebiendo muchísima cerveza y tenía un bronceado espectacular.
Ayer, mientras que compraba una canilla de pan en la redoma de El Toro en Maracay, arribaron al lugar tres autobusetas pequeñas, sin ningún tipo de anuncio que la identificara como de una agencia de viajes. De ellas descendieron carios grupos de alemanes para estirar las piernas. Por supuesto, la parada obligatoria era la licorería. Mientras los turistas hacían su agosto comprando sus frías, unos cuatro agentes de seguridad en civil estaban atentos a los alrededores. Qué manera de hacer turismo!
También ayer una de mis sobrinas trataba de ayudar a su prima, quien tiene un pequeño bebecito de apenas un año. La criatura está sumamente enferma y requiere con urgencia varios análisis. A pesar de que está hospitalizado en una clínica caraqueña, no se encuentran los reactivos para hacerle los análisis que podrían salvarle la vida, por ello se estaba buscando información en Maracay y Valencia en búsqueda de un laboratorio que tenga los reactivos.


martes, 18 de marzo de 2014

Crónicas desde Venezuela

Martes, 18 de marzo de 2014. 6:35 a.m. 

La sorpresiva militarización del municipio capitalino de Chacao y la emblemática Plaza Altamira, nuestra versión criolla de Euromaidán, es la noticia que resalta en toda la prensa nacional a 34 días de protestas. A pesar de la fuerte presencia policial, la sociedad civil salió de sus casas anoche para congregarse de manera pacífica en la Plaza Altamira. El número de fallecidos se incrementó a 29 con la muerte de un efectivo de la Guardia Nacional quien en Maracay recibió un tiro en la cabeza. El Tribunal Supremo de Justicia emite prohibición de cierre de vías, “guarimbas”, y obliga a alcaldes de Chacao, Maracaibo, San Cristóbal y Lecherías a acatar la orden. Nueva jornada de protestas violentas se escenificaron en Mérida, Táchira y Bolívar.
La segunda noticia que voló por la redes fue el anuncio de Empresas Polar de cerrar su planta de envases de aluminio por falta de insumos, ello afecta la producción de jugos, refrescos, malta y cerveza. Fue anunciada una subasta de 220 millones de dólares del Sicad I para el sector empresarial, la liquidación de la divisa tendrá lugar el próximo lunes. Las Casas de Cambio y la Bolsa no han sido incluidas en el Sicad, hecho que mantiene paralizado el envío de remesas. El diario El Impulso de Barquisimeto anunció que circulará hasta el 12 de abril por falta de papel. El sector médico anunció que no se sentará con el Gobierno hasta tanto no se obtenga respuesta de las últimas mesas de negociación que se realizaron en el 2011. Faltan 212 insumos médicos en hospitales y clínicas privadas, los más buscados son anestésicos, antibióticos y antihemorrágicos. Gobierno anuncia que mediante la Tarjeta de Abastecimiento Segura se podrá ganar un carro en rifas mensuales. Pescadores e indígenas del Alto, Medio y Bajo Delta protestaron en Barrancas porque no tienen combustible para la navegación y en consecuencia para buscar la papa (así llamamos en Venezuela a la acción de buscar el sustento diario). Air Canadá suspendió vuelos hacia y desde Venezuela. Estados Unidos no le paró pelotas a la propuesta de Maduro de enviar una comisión a nuestro país para dialogar. Venezuela y Argentina presidirán la comisión de Derechos Humanos en el Mercosur. La presidenta de Argentina metió la pata en Roma antes de visitar al Papa, acudió a la audiencia con un pie vendado y cojeando.
Los estudiantes no quieren sentarse con el Gobierno a dialogar y sostienen que éste mantiene un doble discurso para estar bien con Dios y con el Diablo, convocan hoy a un encuentro nacional para trazar nuevas estrategias. El partido Voluntad Popular convocó a una marcha hasta el Centro de Reclusión Militar de Ramo Verde, en donde se encuentra detenido el líder opositor Leopoldo López, para exigir la liberación de todos los presos políticos. El político y director del periódico Tal Cual, Teodoro Petkoff, acusó al presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, de peculado.
Ayer, mientras en Maracay se llevaba a cabo la rueda de prensa que ofreció el gobernador Tarek El Aisami, en donde se anunció la detención del presunto homicida del Guardia Nacional y se encontró un arsenal de armas que evidencia la supuesta presencia de mercenarios internacionales en la capital aragüeña, los habitantes de la Ciudad Jardín decidimos continuar con nuestra cotidianidad. A las puertas de los bancos que trabajan con las cuentas del Gobierno estaban los abuelos de la tercera edad para retirar la pensiones que ya no les alcanza para vivir, mucho menos para adquirir medicamentos, polivitamínicos y suplementos alimenticios tan necesarios, y que por cierto ya no se encuentran en ninguna parte.
Contenta porque logré negociar un kilo de leche me propuse enviarla hacia la Isla de Margarita por servicio de correo privado para mi padrastro y su hermana, un par de ancianos de 72 y 76 años respectivamente, obteniendo la triste noticia: “Señora, el Gobierno nos prohíbe transportar leche en polvo, granos y medicamentos. Discúlpenos”.
Con un sentimiento que va de la rabia a la tristeza, pues también había conseguido un potecito de Zentrum para mayores de 50 años y otro de Ensure Plus, decido aprovechar las tarifas de  lunes popular e ir al cine. Para mi sorpresa las taquillas estaban solitarias y tan sólo un grupo de unos 20 niños esperaban sentaditos recostados en una pared a que los organizadores de su excursión al cine les compraran las entradas y los combos de cotufas y refrescos.
La oferta de películas no es muy buena, la ausencia de divisas hace que estemos rezagados con respecto a la cartelera cinematográfica mundial, pero decido ver la cinta de Lian Neesen “Sin escalas”, las películas de ese actor británico son garantía de suspenso y acción.
Entré a la sala a tan sólo 15 minutos para el inicio de la función encontrándome con que sólo yo sería la única espectadora en una enorme sala de cine oscura. Disciplinadamente busco mi asiento debidamente numerado y espero con paciencia y cierto temor a que inicien las propagandas. El lento recorrer de los segundos en aquella soledad me ponían los pelos de punta hasta que por fin una parejita entró a la sala. No dude en hacer un comentario en voz alta que nos hizo reír a los tres de buena gana.
Se inicia la función y en segundos me transporto a ese maravilloso mundo de la ficción que es el cine. Con orgullo veo las promociones de lo que será la puesta en marcha del teleférico de Mérida y en imágenes al Ministro de Turismo Andrés Izarra (quien era director de Telesur, pero que según puertas adentro del canal vendió información a la oposición sobre la agenda de Chávez durante la campaña electoral, hecho que le costó la salida de la planta televisiva pero no del Gobierno por los favores que le debía Chávez a su padre, un militar). La musicalización de la promoción es espectacular y las imágenes de las reparaciones y las condiciones extremas en que se lleva a cabo la reparación me dejan gratamente sorprendida. Pero lo que más me impresionó fueron los tráileres de las películas venezolanas que están en cartela y sus contenidos. La cinta “La Distancia Más Larga” ofrece una trama espectacular en los paradisíacos paisajes de la Gran Sabana, maravillosa, iré a verla. Títulos como “Pelo malo” y “Azul ni tan rosa” también me llenan de entusiasmo. Sin dejar de mencionar a la comedia que está causando furor y con la cual me reí hasta que me dolió el estómago y que recomiendo “Papita, maní y tostón”.
Acto seguido se inicia la función. En pantalla Neesen, como siempre tan galanazo y bello, es un agente de fuerzas especiales que echa coñazo, patada y kung fu a todo mundo. La película es de suspenso. Administro mis cotufas, la pepsi y los tequeños mientras que en la sala apenas unas 15 personas también mueven la mandíbula sin despegar la vista de la pantalla. El suspenso crece, me como una uña, como una cotufa, y en lo mejor de la película… la pantalla a negro, se encienden las luces de emergencia, unos segundos de silencio… alguien cae en cuenta de lo que sucede y abre la boca con el siguiente comentario: “Coño de la madre… se fue la luz”.
Todos estallamos en risas, una risa contagiosa que se inicio con esas risas reprimidas que contienes en un ascensor para que nadie te escuche y que después se abren paso a carcajada limpia. Reímos por espacio de varios minutos, hasta que el estómago dolía. Alguien tomó la iniciativa y salió de la sala para luego de unos minutos regresar con la noticia de que en el Centro Comercial Las Américas hay planta eléctrica para todas las áreas, menos para los cines.
No queda de otra. Prendo mi celular y nuevamente me conecto con la cruda realidad.

lunes, 17 de marzo de 2014

Crónicas desde Venezuela

Lunes, 17 de marzo de 2014. 6:45 a.m.

La intensidad de las protestas violentas ha disminuido en todo el país, aunque ello no es indicativo de que la normalidad retorna a nuestro quehacer cotidiano.
El fin de semana, mientras que Caracas era escenario de marchas y contra marchas, en provincia la gente hacía magia para afrontar nuestra “cotidianidad”. Los albañiles no pueden iniciar nuevas obras ni concluir las ya comenzadas porque no hay cemento. Hace unos meses el dueño de la obra tenía que comprar arena u otros materiales para poder adquirir cemento, hoy sencillamente no lo hay. El último precio que pagué por un saco de cemento fue 300 bolívares hace dos meses. El precio regulado es de 22 bolívares por saco.
Somos el país poseedor de las primeras reservas probadas de petróleo, pero nuestras vías parecen la superficie lunar. Tenemos considerables yacimientos de gas, pero cuando se nos acaba el gas doméstico comienza nuestro peregrinar por conseguir una bombona. Hace año y medio en Caracas, en la zona de Catia, PDVSA inició los trabajaos de instalación de las tuberías de gas. Rompieron las calles, los habitantes comimos polvo del bueno, instalaron la cajita en donde están las llaves de abre y cierre, volvieron a cerrar las calles con desniveles y no regresaron mas. Al día de hoy las instalaciones están listas, pero por la tubería no sale gas. Si tienes una bombona socialista, roja con blanco de PDVSA, tienes que madrugar a tu cola para cambiarla, y rogar a los santos porque alcances a obtener una, pero si tienes una capitalista, de las viejitas color gris, también tienes que madrugar pero con menos probabilidades de cambiarla. En Maracay la cosa no es diferente. En los barrios la gente humilde transporta su bombona hasta la cola en carretillas, motocicletas o en el hombro. En los pueblitos, la gente espera paciente a la orilla de los caminos a que pase el camión, por lo general los miércoles y viernes. Los caminos y veredas están sembrados de lado y lado de bombonas de gas vacías, el dueño espera en la sombra por horas. Los llenaderos son otra opción. Hay uno de PDVSA que funciona en la vía entre Tocorón y La Villa. Luego de sortear enormes troneras llegas a una calle que alguna vez estuvo pavimentada por donde corre un río de aguas putrefactas color verde negruzco. Entre tanto hedor esperas a que se abra el enorme portón para entregar dos bombonas por persona y debes esperar unos 40 minutos por el llenado. Frente al llenadero hay varios kiosquitos hechos de metal en donde expenden comida, cucherías y maltas. Los platos son lavados al aire libre en tobos con agua cuyo contenido también va a parar al río de aguas negras que libre corre por la calle. Nubes de moscas molestan a los comensales, humildes choferes y ayudantes que desayunan, pues llegaron la noche anterior para ocupar la cola.
Y ahora el pulso informativo de Venezuela: ayer domingo hubo dos marchas en Caracas, ambas pacíficas con final feliz. La oposición marchó en contra de la injerencia cubana en la vida política u militar del país. El Gobierno convocó una marcha por la seguridad alimentaria que llegó hasta el Palacio Presidencial de Miraflores, en donde continua cerrado el balcón del pueblo de Chávez. Desde una tarima el presidente Maduro anunció que ya está lista la Tarjeta de Abastecimiento Segura, un dispositivo biométrico por el cual se podrán hacer compras de alimentos en las cadenas de abastecimiento gubernamentales PDVAL, Bicentenario y Mercal. Para obtener esta tarjeta de tecnología de última generación el usuario deberá formalizar su inscripción y huella dactilar. Según el presidente Maduro la tarjeta proporcionará la oportunidad de adquirir productos de primera necesidad con ofertas. Si alguien me hubiera dicho que para comprar papel toilet necesitaba presentar mi huella dactilar me habría cagado de la risa, pero esto no es un chiste, es nuestra realidad.
El presidente Maduro designó a Diosdado Cabello para presidir la Comisión de Paz con Estados Unidos.
En el Sicad I se ofertaron sólo 173 millones de dólares, menos de la mitad de lo ofrecido por el Gobierno. El Sicad II, que debería estar en funcionamiento desde el pasado jueves, no pudo entrar en rigor porque falló la prueba pautada para ayer por problemas técnicos.
Según Datanalisis la escacez de alimentos es de 47%. Merentes dice que la crisis no es tan grande y no se prolongará por más de dos meses. Por décima vez prometen reabrir los hoteles del estado Vargas afectados por la vaguada de diciembre del 99.
Henrique Capriles dice que está dispuesto a  debatir con Maduro en cadena nacional, y éste le responde que el debate debe hacerse en Miraflores, pero que “lo respete y acepte como Presidente Constitucional”.
El alcalde de Chacao, Ramón Muchacho, aseguró que en su municipio la represión policial es extrema, y mientras escribo lo veo en imágenes cortesía de Venezolana de Televisión haciendo un llamado a la calma y acto de presencia en el operativo de Guardia Nacional, Guardia del Pueblo, Policía Bolivariana y CICPC que sorpresivamente desplegó el  Gobierno en su municipio sin notificación alguna. El burgomaestre aprovechó para  hacer un llamado al respeto a los derechos humanos.
El Ministro de Interior y Justicia, el Mayor (Ej) Miguel Rodríguez Torres, anunció que desde horas de la madrugada el Municipio Chacao fue tomado por 671 efectivos de cuerpos policiales y dividida en cinco sectores. La Plaza Altamira fue tomada por los cuerpos policiales.



viernes, 14 de marzo de 2014

Crónicas desde Venezuela

Viernes, 14 de marzo de 2014. 6:35 a.m. 

Por órdenes expresas del  presidente Maduro la policía allanó la urbanización El Trigal en Valencia. Los allanamientos de ejecutaron sin órdenes judiciales. En la ciudad de Cabudare se registraron dos heridos de bala en las manifestaciones de ayer. En San Cristóbal hoy se concretará una reunión entre bomberos, policía y alcaldía para organizar los planes de seguridad que se implementarán para contener las manifestaciones. En Mérida liberaron a tres estudiantes que se encontraban detenidos y el transporte público reanudó sus funciones después de tres días de suspensión del servicio. En Maracay 20 estudiantes resultaron heridos en las manifestaciones escenificadas en el Pedagógico. Se contabilizó en 840 el número de bombas lacrimógenas disparadas contra la marcha estudiantil que no pudo salir de la Universidad Central de Venezuela y 25 personas asfixiadas, así mismo fue destituido el jefe de seguridad de esa casa de estudios por detener a tres estudiantes y entregarlos a los cuerpos policiales violando la autonomía universitaria. En la Plaza Altamira nuevamente se escenificaron actos de violencia y enfrentamientos con la detención de 30 personas. La diputada de oposición María Corina Machado convocó a una marcha pacífica para el domingo en contra de la injerencia cubana en los asuntos internos venezolanos. Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social en los últimos tres años se han registrado 15 mil manifestaciones, 85% de las cuales fueron pacíficas, registrándose un incremento sustancial en el último año en contra de la administración Maduro. La Defensora del Pueblo y la Fiscal General de la República presentaron informes ante la ONU, defendiendo la posición oficial. La oposición mantiene su negativa de asistir a las conferencias de paz organizadas por el Gobierno, alegando que antes deben desarmarse los colectivos y los motorizados. Los médicos le reclamaron al presidente Maduro su falta de palabra al no asistir a la conferencia convocada por los galenos para tratar los temas de salud y la crisis hospitalaria. Los médicos denuncian que 250 personas han muerto a la espera de operaciones cardiovasculares, no hay reactivos para el VIH ni medicamentos para el cáncer. El Hospital Clínico Universitario suspendió las consultas externas y tiene una lista de espera de 6 mil pacientes para quirófano. Los médicos denunciaron que en la represión contra la UCV se utilizaron 27 tanquetas, mientras que el Hospital Clínico no tiene ni una sola ambulancia. Con la aplicación y puesta en marcha del Sicad, Venezuela tendrá cuatro tazas de cambio. A partir del 5 de mayo los venezolanos deberán gestionar por internet el visado de turista para ingresar al Reino Unido, gestión ésta que tardará dos semanas con un costo de 864 bolívares y será vigente por seis meses. Servando primera, hijo del cantante y compositor popular venezolano Alí Primera, dijo que su padre utilizó los versos para defenderse y que si la Guardia Nacional utiliza en sus tanquetas las canciones de Alí, deben dejar de disparas bombas y balas contra el pueblo.  
Diligenciar cualquier trámite ante las alcaldías venezolanas está resultando más fácil gracias a las bondades de la internet, pero al mismo tiempo es una maldición gracias a la intervención de los funcionarios públicos, o mejor dicho, gracias a la ausencia de funcionarios públicos en sus lugares de trabajo. Muchas gestiones se han automatizado, pero las fallas en la transcripción de datos hacen que necesariamente el público deba gestionar el trámite ante el ente competente. Debido a que diariamente se registran marchas y contramarchas, tanto de Gobierno como de oposición, los funcionarios públicos son movilizados en autobuses a los centros de concentración para marchar por una causa inventada la  noche anterior siempre en respuesta de la convocatoria opositora, lo que arroja como lógico resultado que quien se queda de guardia deberá hacer el trabajo de sus compañeros. Las colas en los entes públicos son pan nuestro de cada día. Los usuarios se arman de infinita paciencia para, por horas, esperar su turno encomendándose a los santos para que su gestión sea satisfactoria o siendo carne de carroña para los gestores que hacen su agosto con las necesidades ajenas.
Ayer, luego de dos días de infructuosos intentos y horas de cola logré culminar la mitad de un trámite para el pago de mis impuestos domiciliarios, presentando a la misma funcionaria los documentos que año tras año presento para mi declaración. El día anterior la funcionaria en cuestión estaba de mal humor, y en el segundo día la agarré mansita apenas abrió la taquilla, pero para ello tuve que madrugar. Al pasar por la Plaza Caracas, en pleno centro de la capital, en donde aún se mantienen en pie las dos torres del Silencio, las mismas que en la década de los 70 y 80 eran el símbolo de la ciudad y adornaban las postales que enviábamos a nuestros familiares y amigos pero que hoy representan la mayor vergüenza nacional, veo un  grupo no mayor de 200 personas vestidas con franelas rojas  concentrándose junto a un camión con enormes avisos a favor del Gobierno y cornetas de sonido. Aprovecho los pocos vendedores ambulantes para comprar los souvenires alusivos a Chávez que mis amistades desde el extranjero me piden. La plaza entera huele a orines, los pisos destrozados, las cerámicas partidas, el sucio y la basura son las constante en aquel lugar. A los alrededores colas y más colas ante las puertas de los ministerios que allí funcionan.
Con cara de pendeja tomo algunas gráficas y hasta videos, pero con cautela y precaución, pues no porto franela roja y soy blanco de miradas de motorizados con chaquetas negras y hombres de muy mala apariencia. Compro souvenires y me detengo a escuchar la arenga de un señor con una panza cervecera que sobresalía por la baranda trasera del camión, quien anuncia a los grupos que llegan en autobuses que pronto recibirán las viandas con desayunos, los tickets para los almuerzos y solicita paciencia para el inicio de la marcha. Pregunto a un señor a mi lado hacia dónde se dirige la concentración y a qué hora estaba prevista. Éste con cara de resignación encoje los hombros en señal de  total desconocimiento de la ruta, balbuceando tan sólo que la marcha estaba pautada para las 9 de la mañana. Son las 10:45 a.m.
Me siento cómoda desde mi posición, estoy en una zona harto conocida, pleno centro de la ciudad, con gente humilde, sencilla y rodeada de colectivos que tienen una sola misión: defender su territorio. Por otra parte, debo reconocer que los creativos que compusieron los temas musicales emblemas para las campañas electorales de Chávez fueron geniales. El tema “Chávez corazón del pueblo” despierta los ánimos de cualquiera, tiene un intro sabrosito, esperanzador, de esos que te hacen bailar parado.

Me vacilo mi concentración chavista, acepto de buena gana una bandera y la música me transporta a los funerales de Chávez hace un año. Dos días con sus noches estuve en vela  en Los Próceres para ver al Comandante, no quería que me lo contaran, yo lo vi. Las multitudes, el amor hecho lágrimas, las masas que al paso del féretro se volcaban hacia ese cajón color roble sobre una carroza fúnebre, las mujeres, hombres, ancianos, niños que lloraban y gritaban, la cantidad de ropa y zapatos que cubría su féretro, todo cosa del pasado, todo eso quedó atrás. Después de una hora no pude contabilizar más de 600 personas, algunos contentos, otros cansados, otros sencillamente estaban allí por estar, lo único que despertaba su entusiasmo, que disparaba las energías era ese tema, “Chávez corazón del pueblo”.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Crónicas desde Venezuela


Miércoles, 12 de marzo de 2014. 6:30 a.m.   

Hoy se cumple un mes del inicio de las protestas que se han escenificado en varias ciudades venezolanas. 

 Por espacio de varios días mantuve silencio en mi seriado Crónicas desde Venezuela que inicié en solitario la mañana del 13 de febrero y que he publicado día a día en mi página de facebook Crónicas Periodísticas. 
Esta pausa ha sido una especie de oasis mental para recoger experiencias, la labor del cronista es esa, recopilar, ver, observar, digerir, pensar en voz alta, discernir contigo mismo y con la realidad circundante para poder luego armar una crónica descriptiva que ofrezca un panorama, en parte subjetivo pues es un ser de carne y hueso quien al fin de cuentas narra, pero con trazos de objetividad si el cronista se ciñe a hechos concretos, yo hago intentos, grandes esfuerzos por mantener mi objetividad.
Es importante que ustedes, mis respetados lectores, entiendan qué carajos está sucediendo en Venezuela, porque para nosotros mismos es incomprensible. 
Cada día nos enfrentamos a difíciles situaciones. La lucha por la supervivencia. 
Nos paramos de la cama dando gracias a Dios por un nuevo día y pidiendo protección celestial para que un delincuente no te robe o te mate. Nos paramos cansados pues no podemos dormir profundamente porque debemos estar pendientes al menor ruido, los ladrones nos tienen acoquinados. Vivimos en casas enrejadas, con sistemas de seguridad que van desde una simple alambrada de púas y perros bravos, hasta cámaras de circuito cerrado, alambradas electrificadas, guardaespaldas y sistemas automatizados de cierre de puertas. Nuestros vehículos están forrados con papel ahumado que nos dificulta la visibilidad, mucho más en horario nocturno, pero que en cierta medida nos brinda seguridad pues el delincuente, que siempre va a bordo de una moto, no puede visibilizar cuantas personas van a bordo del vehículo y qué tipo de prendas y celulares cargas encima. Las mujeres y madres acompañadas de sus  hijos somos el blanco más fácil y perseguido. En los semáforos te detienes y como un pájaro miras hacia todos los lados, esos son los lugares preferidos por los delincuentes. Si vas a pie, ya no puedes llevar prendas de vestir costosas, zapatos de marca y mucho menos accesorios de oro, esos tres elementos te garantizan una muerte segura. Con ropa de segunda, cartera desgastada y poco dinero te montas en cualquier unidad de transporte público y vives la experiencia de la desconfianza y el miedo durante todo el trayecto, más aún quienes hemos tenido el cañón de una pistola o revolver (ya conocemos la diferencia) en la frente y hemos tenido que entregar nuestras pertenecías a un completo desconocido. Caminas con la cartera fuertemente sujeta a tu pecho, caminas rápido, mirando hacia atrás y hacia adelante, si te descuidas pierdes.
Ayer recordé por qué en mis años estudiantiles en la Unión Soviética me paraba en una cola sin saber qué coño se estaba vendiendo y nadie a mí alrededor lo sabía, pero la longitud de la fila te daba indicios del producto que se estaba ofertando. 
Ahora andamos pendientes del contenido de las bolsas que todo mundo carga, y sin pena alguna detenemos al portador de la bolsa de comestibles para preguntarle en dónde adquirió su contenido. En plena avenida Sucre de Catia, bastión del chavismo y zona popular de Caracas, había innumerables colas. Desde hace una semana ando a la caza de aceite comestible y ayer hice varias colas tratando de comprar un potecito de medio litro de aceite, sin lograrlo. Me paraba en la cola y preguntaba qué se estaba vendiendo y nadie lo sabía. Si trataba de aplicar la técnica soviética de pedir que me cuidaran el puesto para acercarme a la punta y preguntar recibía una grosera respuesta, si te mueves de tu sitio pierdes el puesto. Ayer tan solo pude comprar un kilo de Harina Pan y un pote de lavaplatos, ambos productos al doble de su precio. La última vez que hice estuve en un supermercado, mi compra no superaba las cuatro bolsas y pagué 700 bolívares, sin comprar carne ni pollo. El salario mínimo está en 2.400 bolívares.
Los anaqueles están desapareciendo. Antes se rellenaban con productos de una misma marca para que no estuvieran vacíos y el dueño del establecimiento no fuera señalado por el Gobierno como agitador. El panorama en Makro de Maracay, el distribuidor más importante de todo el país para mayoristas, es desolador, un panorama que te crea un vacío en el estómago y te dan ganas de llorar. Desaparecieron hasta las telas de vestir de los almacenes. 
Hace dos semanas saquearon y quemaron el Super Líder de El Limón, en Maracay. Con mis propios ojos antes de ayer vi que ese enorme supermercado permanece desolado, con puertas de par en par, semiquemado y abandonado. Esta situación ha generado la consecuente emigración de compradores hacia otros supermercados de la capital aragüeña y más colas. Desde primeras horas las amas de casa arman su cola a las puertas de supermercados sin saber siquiera qué se venderá en el día. Hay miembros de familia que se dedican a buscar productos y ocupar puesto en la fila para en caso de que aparezca un producto pasar un mensaje de texto y en minutos los restantes miembros de la familia llegarán para abultar aún más la fila.
En los mercados a cielo abierto organizados por el Gobierno el panorama no es menos consolador, pues allí deberás ocupar tu puesto en la cola desde la madrugada, incluso la noche anterior, para comprar un combo, no lo que quieras llevar. Si quieres pollo tienes que comprar también arroz, margarina, harina de maíz de marcas gubernamentales, granos y aceite. La leche en polvo, tanto en el sector privado como el gubernamental desapareció.
 Los valles de Aragua, uno de los más fértiles del país y que bordean la autopista que comunica Caracas con el occidente del país, parecen un peladero de chivos. Estos valles fueron expropiados y el Gobierno montó allí la Misión Agroalimentaria, aniquilando campos sembrados de caña de azúcar y colocando en su lugar enormes invernaderos en donde es un misterio lo que se produce. Los demás campos fueron sembrados de maíz que no prosperó.
En Caracas el centro y el oeste están en calma, las barricadas están en el este de la capital. El centro y el oeste fueron antes escenario de golpes de Estado, enfrentamientos armados, batallas campales callejeras. La gente pobre sabe que los muertos necesarios de cualquier bando irán a parar al cementerio, así que no se han sumado a las barricadas. En el este los ricos piensan que cerrado sus propias urbanizaciones e impidiendo el libre tránsito lograrán derrocar un Gobierno.
Somos testigos de la continua violación de los derechos humanos y de la vida. Tan sólo en lo que va de mes en Caracas en han producido 124 muertes por acción del hampa. En el 2013 fueron 25 mil muertes.
En resumidas cuentas: la delincuencia nos tiene jodidos, el alto costo de la vida nos tiene jodidos, la inoperatividad, incompetencia e improductividad de los entes del Estado nos tienen jodidos, la falta de medicamentos y abandono de los hospitales nos tienen jodidos, la manipulación de las noticias de un bando y otro nos tienen jodidos, los motorizados nos tienen jodidos, la falta de dólares para importaciones y reposición de mercancía de todo tipo nos tiene jodidos. EN VENEZUELA TODOS ESTAMOS JODIDOS.
Usted amigo lector, habitante de un país extranjero, haga tan sólo un simple ejercicio para comprender la situación venezolana: imagine que se queda sin empleo formal, que debe buscar una manera de ganarse el sustento diario, que debe dejar de comprar hasta el periódico porque ello supone el gasto de lo que tiene destinado para pasar el día, que si se enferme debe llevar al hospital hasta la jeringa, que debe esperar en la calle a que lo atiendan porque la emergencia está abarrotada, que ni siquiera en una clínica privada le atenderán con calidad pero lo dejarán en la calle sin un centavo y tendrá que llevarse su enfermo a un hospital del Estado, que no puede escoger la marca de pasta dental porque sencillamente no hay, que no puede expresar a viva voz su modo de pensar porque no sabe si su vecino es un extremista radical (de cualquier bando), que no puede mantener sus ahorros en el banco porque no sabe en qué momento se arma un peo y usted se queda sin lo poco que tiene, que no sabe si mañana se quedará sin trabajo porque la empresa para la cual labora se va a la quiebra, que no puede comprar un pasaje de avión para irse porque no hay cupos hasta finales de año a pesar de que el aeropuerto internacional está desolado, que no puede comprar divisa extranjera sin que se sienta como un delincuente cometiendo un grave delito y que sus hijos no conocen otro presidente que no sea Chávez o Maduro. Hágalo y verá como nos sentimos los venezolanos.
Cualquiera pensará que hoy amanecí opositora. No, reconozco muchas cosas positivas que se han hecho en éstos últimos años, pero pienso como piensa la mayoría de la clase media y pobre: aquí lo que hay es una cuerda de ladrones que se han enriquecido a costillas de los más humildes, que tienen el tupé de hablar mal de los ricos en cadena nacional cuando ellos mismos visten de marca, cargan relojes de oro y hablan por teléfonos de última generación, un doble discurso que ya nadie se cree, pero la oposición venezolana es torpe, liderada por momias y fósiles que no están dejando que líderes de abajo, de base, tomen las riendas. El descontento es general, el Gobierno está siendo conducido por un chofer de Metrobus, pero la oposición está siendo liderada por sifrinos estúpidos.
La situación de hoy, 12 de marzo, es la siguiente: un mes de protestas que no se detienen porque los factores que la generaron están latentes. Según el Foro Venezolano la cifra de muertes es de 22 y más de mil detenidos. Hoy los estudiantes, de ambos bandos, toman Caracas. La policía y la Guardia Nacional continúan arremetidas violentas contra manifestantes de la oposición. Los Colectivos y Unidades de Batalla UBch están activados para actuar en las calles. El presidente Maduro estrenó un programa radial en el que amenazó a la oposición con no permitir que las marchas ingresen al Municipio Libertador hasta tanto no se sienten a negociar y hablar de paz. Los alcaldes de todo el país se reunieron y dijeron que no se sentarán a negociar hasta tanto el Gobierno no reconozca que hay problemas económicos y sociales. Ayer hubo protestas y manifestaciones violentas en Maracaibo, San Cristóbal, Cabudare, Mérida, y Valencia. La Guardia Nacional y La Policía Nacional Bolivariana continúa ingresando a apartamentos y casas sin órdenes de allanamiento. Leopoldo López continúa preso en Ramo Verde. Esta semana entra en vigencia el Sicad I, II, y III, para la adquisición de divisas. El Gobierno anuncia que todos los venezolanos podrán participar en el Sicad II y comprar divisas extrajeras tan sólo con abrir una cuenta en dólares dentro del país, pero pagarán el precio que fije el mercado, por supuesto luego de presentar una serie de requisitos y su pasaje de avión. El Consulado de Costa Rica en Caracas ayer todavía no tenía información sobre los mecanismos para atender los problemas consulares de Panamá. Ayer la Guardia Nacional y La Policía contuvo la marcha de los médicos de oposición, pero la marcha de los médicos del Gobierno llego a Miraflores sin problemas.
El Consulado de Colombia está abarrotado de nacionales de ese país, quienes agilizan su inscripción para votar en las próximas elecciones presidenciales y para obtener sus documentos para abandonar Venezuela. En Colombia el ex presidente Álvaro Uribe logro un escaño en el Parlamento y aumentó sus probabilidades de un triunfo electoral en la próxima contienda electoral por la presidencia de ese país. Maduro no pudo viajar a Chile para la toma de posesión de Bachellet alegando problemas con el avión presidencial. En la toma de posición diputados de oposición chilena portaron chapas con la inscripción “S.O.S Venezuela”. En EEUU se aprobó una resolución para congelar las cuentas de funcionarios venezolanos y negar las visas a ese país.
Ah! se me olvidaba, ayer el presidente Maduro anunció que se activará una tarjeta de consumo para los mercados del Gobierno, osea los Mercal, para lo cual se deberá concretar la inscripción del usuario en un sistema unificado. Cualquier parecido a la tarjeta de racionmaiento cubana es mera casualidad.
Ayer en mi recorrido por la Plaza Altamira, bastión de la oposición pude ver los grafitis de los colectivos que armaron los radicales opositores para hacer fente a los radicales chavistas: Colectivo Anti Castro.
Hoy me encuentro en Caracas, veré de cerca las marchas.

sábado, 1 de marzo de 2014

Chávez, un año después



Soledad, loneliness, solitude, einsamkeito, oдиночество, , عزلة. En español, inglés, francés, alemán, ruso, chino y árabe el significado es el mismo y el sentimiento también. La entrada al antiguo Museo Histórico Militar, hoy Cuartel de la Montaña 4F, lugar de reposo de los restos del Comandante Eterno y Supremo de la Revolución Bolivariana, Hugo Rafael Chávez Frías, está desolada. 

En una calurosa mañana dominical de comienzos de febrero, un reducido grupo, no mayor a 30 personas, espera a la sombra cómodamente sentados y comiendo helados, a que el grupo que le precede, de número no mayor, concluya el recorrido por las instalaciones del museo, lugar de reposo del extinto presidente venezolano. Las multitudes que vi el año pasado en el Paseo Los Próceres no están. La larga hilera de presidentes, jefes de Estado, delegaciones diplomáticas, empresarios e invitados especiales no está. Los equipos técnicos y corresponsales de prensa, nacionales y extranjeros no están. El enjambre de  vendedores de gorras, franelas, afiches, fotos, cd´s y cuanto perolito tuviera la foto de Chávez no está. Su familia tampoco está. Solo un efectivo militar levanta una barra para dar acceso a aquella desolada plaza en donde arde una flama en cuya base se puede leer: “El amanecer de una esperanza 4 de febrero de 1992”.
Minutos antes yo había ingresado a la estación del Metro Chacaito proveniente de casa de unos amigos en Chulavista. Imaginen, salir de unos de las zonas más exclusivas de Caracas para dirigirme hacia uno de los sectores más deprimidos de la capital, Catia y el 23 de Enero, sectores harto conocidos por mí pues allí me crié y transcurrió parte de mi adolescencia hasta que me fui a estudiar periodismo en la cuna del comunismo, la Unión Soviética.
Por simple curiosidad pregunté a tres personas en qué estación debería quedarme para ir a La Montaña, y las tres personas pensaban que yo quería ir al Teleférico para subir al cerro El Avila. ¡Perdón!, ahora se llama Guaraira Repano. Con la llegada de la Revolución Bolivariana cambiaron hasta la orientación del caballo del Escudo Nacional (hablo de la orientación de dirección, no de orientación sexual).
En la estación del Metro Chacaito funcionan las escaleras mecánicas de bajada, no las de subida. Personas de la tercera edad suben las escaleras poco a poco, haciendo pausas para coger impulso. La cola para vender los boletos es larguísima, así que decido ingresar por la compuerta para la tercera edad, si tienes pelo canoso no pagas en el Metro. Bajo las escaleras manuales, las cuales evidencian desgaste en su peldaños, y percibo un fuerte olor a orines. Me sorprende la oscuridad en pasillos y andenes. Las líneas amarillas que indican la orientación de la cola serpenteante para ingresar al vagón casi han desaparecido y las lozas de caucho negro que cubren los pisos están desgastadísimas y sucias. Recuerdo cuando abrieron, en período de prueba, la primera línea entre Agua Salud y Pro Patria. Aún conservo mi ticket con la inscripción “Mi primera visita”. En aquella época, apenas unos veintitantos años atrás, las estaciones eran super limpias, los vagones relucían, nadie comía, nadie corría, había mapas del Metro en cada vagón y se escuchaba música clásica bajito, era otra Venezuela, era nuestro orgullo. Hoy, es el Metro de Caracas.
Al llegar a la estación Capitolio subo buscando la transferencia hacia El Silencio. La estación es un caos. Al proyectista se le ocurrió construir la transferencia de tal manera que todos los ríos de gente se confluyen en un solo lugar y pareciera una competencia de carritos chocones.
Mientras camino por el largo túnel siguiendo la corriente de aquel rebaño humano, llama poderosamente mi atención un enorme afiche que reza: “La harina no es Pan, es de maíz”. Delante y detrás de mí hombres y mujeres desvían la vista si alguien circula en sentido contrario con bolsas contentivas de Harina Pan.
Subo por la escalera mecánica que afortunadamente sí funciona, y en un abrir y cerrar de ojos me encuentro en un ambiente hostil. Buhoneros, mercancía hasta en las paredes, basura, más basura, paradas de autobusetas full de gente haciendo colas, música a todo volumen, más y más basura. Este era mi ambiente en la juventud, ahora me aterra. Conozco perfectamente la parada de las camionetas que están al lado de las escaleras de El Calvario y que me llevarán hasta el Museo Militar, pero decido buscar un mototaxista. Prefiero lidiar con un solo hombre, cambiando mi manera de hablar, que soportar la agonía de un trayecto de 15 o 20 minutos a bordo de una unidad que puede ser asaltada por delincuentes en cualquier momento. Lo encuentro en la pared del liceo Fermín Toro junto a otros motorizados, todos vistiendo chalecos de seguridad reflectivos y debajo franelas rojas. Al conocer mi destino se alegra, tanto por la ruta corta como por el pago, 50 bolívares fuertes one way.
Fiel a las costumbres venezolanas, chofer y pasajero inician una conversación que en la mayoría de los casos termina con intercambio de números telefónicos. Primero, porque los venezolanos somos parlanchines y constantemente hacemos catarsis, echando p´a fuera nuestras alegrías y penas. Segundo, porque el chofer desconfía del pasajero tanto como éste desconfía del conductor. Ahora hasta las mujeres embarazadas roban a mano armada, no se puede fiar de nadie.
-¿Y qué? ¿Cómo está la cosa por aquí? ¿Es seguro subir p´a la montaña? ¿No nos van a robar por el camino? ¿Será que podré sacar mi cámara? Pregunto de entrada.
-Hasta La Montaña no hay rollo, de ahí p´a rriba es que se pone pelúa la cosa. Responde el mototaxista mientras echa un vistazo a su celular, acaba de entrar un sms. Nuestros mototaxistas pueden manejar, responder mensajes de texto y tomarse una cerveza, todo al mismo tiempo.
-¿Y por qué? ¿Acaso con Chávez enterrado aquí no hay vigilancia? Inquirí.
-Que va!!! Aquí no entra la policía. Ahora que se acerca el aniversario del anuncio es que se ve la Guardia Nacional, pero no suben p´a donde yo vivo, en El Observatorio, allá manda el Colectivo La Piedrita, a esos les tienen culillo. Cada día hay un muerto, pero por estos días andan tranquilos.
-¿Y Los Tupamaros no los enfrentan? ¿Yo creía que eran los guardianes del 23?
-Nada de eso, mi bella dama. Los Tupamaros son unos niños de pecho al lado de La Piedrita, y cada uno cuida su territorio.
Le pido que después del túnel se detenga para tomar mi primera gráfica. De un viejo edificio de comienzos de siglo XIX tan solo queda el cascarón, a un lado, a lo alto, está el Cuartel de La Montaña.
Capto un video del recorrido. En el 23 de Enero no ha cambiado nada, tan sólo ha sido maquillado. Los bloques, pintados durante la primera gestión del Alcalde Antonio Ledezma se ven deteriorados. Bolsas de basura vuelan desde las ventanas y van a parar a los estacionamientos. Las ratas corren por las alcantarillas y hasta cruzan las calles. Las casas, unas sobre las otras, todas con sus frentes pintados de colores pero sus laterales y posteriores de ladrillos color ocre, bordean el camino. Talleres de latonería, pintura, aceite y grasa se suman al panorama. Hay super bloques, como su nombre los describes, y bloques pequeños, todos asemejan cajas de fósforos con múltiples ventanas junto a cada una de las cuales está instalada una antena de televisión satelital. A un costado de cada bloque pequeño la mirada de Chávez pintada bajo el número del bloque: 17, 18, 19.
Transitamos al lado de un estadio de béisbol con grama nueva y maquinaria pesada estacionada alrededor del diamante. Hoy es domingo, día libre.
La motocicleta entra en una especie de semiredoma en donde a finales del año pasado había varios puestos de venta de souvenires, todos alusivos a Chávez. Hoy no hay ninguno, y los kioskos están cerrados. Al fondo varias licorerías abiertas en donde hay un enjambre de motos estacionadas. Sus dueños, botella de cerveza en mano, escuchan una salsa sabrosita de Olga Tañón. En un costado de la semiredoma un parque infantil muy bonito, con grama artificial y juegos infantiles muy bien cuidados. Más allá, la cuesta en donde se desparraman los ranchos, casas de ladrillo una sobre otra y a lo alto de un cerro un enorme tanque de agua de color blanco con la mirada de Chávez.
El chofer cruza el volante hacia la izquierda y entramos en una callecita con piso de cemento y caico. Las maticas que no pueden faltar en los porches de las casas, las rejas en cada ventana, un mural enorme con la inscripción “Hasta siempre Comandante”, un taller de herrería en donde un hombre con un esmeril corta varias láminas de metal produciendo un ruido ensordecedor, una casa con las puertas abiertas y en su interior una especie de consultorio con piso de mármol blanco, y de último la barra que levanta un soldado de boina roja para dejar pasar a los visitantes a una especie de estacionamiento amplio, la antesala al Cuartel de la Montaña, un fuerte militar de color amarillo bordeado por una pared del mismo color con sendas rejas precedidas por un enorme 4F en color rojo y una flama encendida.
El lugar está desierto. Al fondo, del lado izquierdo, una especie de refugio en donde se encuentran sentadas unas 30 personas, entre niños y adultos. El sol de las 11 de la mañana es amable en Caracas, nada parecido al de Maracay, pero igualito pica en la piel. Los visitantes comen helados que vende un señor, el mismo que vende unos cuantos souvenires, todos con la cara de Chávez, algunos con Fidel, uno con el Ché Guevara.
Tomo mis primeras fotos con recelo, en estos tiempos las cámaras son mal vistas. Nadie reacciona de manera negativa, pero por si a las moscas adopto aptitud de turista, pongo cara de pendeja.
Aparece en una de las enormes rejas un señor de civil, quien muy cortésmente invita a entrar. Muchos se enojan porque los helados y las bebidas son prohibidos. Una señora se queja groseramente porque tiene que desechar su helado. Una vez adentro la imponente estructura militar y el sendero de las banderas. Antes de iniciar el recorrido nos detenemos en una pequeña caseta en donde dos guías del Instituto Nacional de Turismo nos dan la bienvenida y nos regalan una calcomanía al tiempo de preguntar sitio de procedencia. Escucho la lista de ciudades: Puerto Ordaz, Mérida, Puerto Cabello, Caracas, Maracay, La Habana, entre otros.
En la primera estación, justo al inicio del sendero de las banderas, la guía, una muchacha morena de unos 22 años, echa su primer discurso: “¡Lucha, batalla y victoria! El Cuartel de La Montaña abrió sus puertas por el año 1906, siendo la primera academia militar, después fue Ministerio de la Defensa, después Museo Histórico Militar y después fue Museo Bolivariano y actualmente lugar de tributo y honores a nuestro máximo líder, Hugo Chávez. Este bosque de banderas representa a los 33 países en representación de la Celac, Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, ese gran sueño que tenía nuestro Libertador, que lastimosamente no lo pudo realizar, sin embargo lo consolidó nuestro Comandante Chávez a través de esos grandes proyectos internacionales como lo es la Celac, el Alba, la Unasur, Petro Caribe, que más que cualquier alianza lo que buscan es la unión y el fortalecimiento de toda la región”.
La segunda parada es ante una enorme campana y un cañón con balas de salva que es disparado cada día a las 4:25 minutos, en recuerdo de la hora en que, según anuncio oficial del presidente Nicolás Maduro, falleció en el Hospital Militar de Caracas víctima del cáncer el ex presidente Hugo Chávez.
Enfilamos nuestros pasos hacia la entrada de la edificación. Un enorme portón de madera a dos hojas de par en par da acceso a un pequeño zaguán que desemboca en un salón, en cuyo centro puede observarse,  custodiado por cuatro húsares, un sarcófago en mármol negro en el centro de una plataforma en forma de flor rodeada por agua, a este monumento se le llama La Flor de los Cuatro Vientos y fue diseñado por el arquitecto venezolano Fruto Vivas.
Detrás del sarcófago puede verse la nueva imagen del Libertador Simón Bolívar, elaborada en computadora con base en su calavera, datos recogidos cuando su sarcófago fue abierto por órdenes del extinto presidente Chávez. Del lado izquierdo cuelga un enorme retrato de Chávez en uniforme militar, tal y como lo vi en su féretro el año pasado, y del lado derecho otra foto en donde viste camisa blanca con rayas azules.
Detallo el sarcófago desde mi posición, mientras que la guía se detiene a mitad del zaguán para leer la inscripción en una de las paredes. Se trata de las palabras que pronunció Chávez la mañana del 4 de febrero de 1992, en los famosos 30 segundos que lo catapultaron a la gloria, en donde llamaba a sus compañeros de armas a deponer las armas una vez frustrado el golpe de Estado contra el difunto presidente Carlos Andrés Pérez. Todos escuchan en silencio. Se pueden tomar fotos sin flash, nada de video.
Al pasar al salón principal los visitantes se organizan en fila india para subir a la plataforma por el lado izquierdo, bordear el sarcófago y hasta tocarlo. Hasta este punto la sobriedad y la etiqueta eran la pauta, pero al darse cuenta que pueden tomar fotos con el sarcófago de fondo, asumiendo cualquier pose o actitud, los visitantes inician una sesión de fotos, olvidándose de la guía que espera a las puertas del salón de la derecha.”Tómame una, tómame otra… esa no me gusta, quedé fea”. Morisquetas con las manos en los más jóvenes, poses de modelo en las adolescentes, cada foto acompañada de sendas sonrisas. Yo también aprovecho y me tomo la mía.
Al pasar al lado del sarcófago detallo una cajita blanca, parecida a un termostato, con pantalla digital ubicada justo en la cabecera. La pantalla indica cuatro cifras: 52 y 55 arriba, 21 y 23 abajo, si la memoria no me falla. Trato de tomarle fotos, pero mi cámara indica que la memoria está llena y no tengo tiempo para liberarla, que mala suerte, además, siento miradas poco amables sobre mí provenientes de los custodios.
La sesión de fotos de los visitantes se prolongó durante todo el recorrido por los dos salones que flanquean el sarcófago. Ya nadie escuchaba a la guía, todos querían una buena pose y una buena foto al lado de cualquier gigantografía expuesta en ambos salones. Yo aprovecho para borrar algunos videos y liberar memoria.
En el salón de la derecha gigantografías de la vida familiar de Chávez, abrazando a su mamá, a las hijas habidas en sus dos matrimonios, en ninguna lo veo con su hijo Hugo. Sendas fotos de su infancia y carrera militar. En el salón de la izquierda fotos de su vida como líder político, como Presidente, abrazando ancianos, cargando niños ajenos, durante triunfos electorales, acompañando trabajadores petroleros y en la tarima durante el cierre de campaña electoral en la Avenida Bolívar, en donde pronunció su último discurso político bajo un torrencial aguacero a pesar de lo avanzado de su cáncer y su deteriorado estado de salud. El año pasado yo estuve en esta sala y recuerdo haber visto una fotografía del actual presidente Maduro, en esta oportunidad ya no estaba.
Los custodios de la milicia bolivariana vestidos de uniforme beige, en su mayoría chicas, se prestan tanto para tomar fotos como para acompañar a los fotografiados, todo mundo en La Montaña quiere ser protagonista y centro de atención.
El recorrido va en especie de semicírculo alrededor del sarcófago. Nuevamente ante la Flor de los Cuatro Vientos aprovecho para tomar las últimas gráficas del sepulcro, mientras dos cubanos me piden que les “tire una foto”. Yo tomo su cámara y hago ademán de lanzarle el aparato, acción ésta que despierta risas pues en Venezuela el verbo “tirar” tiene dos connotaciones: lanzar o deshacerse de un objeto, y fornicar.
El recorrido concluye en el interior del museo-mausoleo, no así la sesión de fotos. Ahora le corresponde al cañón que vimos de entrada y la campana. Junto al cañón un efectivo de la Milicia Bolivariana de apellido Requena explica con verbo revolucionario que el cañón diariamente es disparado en memoria del Comandante Supremo y que la milicia está lista y dispuesta para disparar mil cañones en contra del imperialismo y la oposición. Acto seguido posa junto turistas para la foto de recuerdo. Yo también me tomo mis fotos tocando la campana y apuntando con el cañón.
Los cubanos y yo somos los últimos del grupo. Ellos me toman fotos a mí y yo se las tiro a ellos. Al cañón se acerca un miliciano de apellido Castro y se identifica con el grado de Coronel, asegurando haber conocido en persona al Comandante y haber viajado con él en varias oportunidades.
Nos hace preguntas, en especial a mí. En su mirada veo una sombra de sospecha. Intercambiamos opiniones. Según él, en el 2002 también estuvo en Madrid, en el mismo periplo que hice yo junto al Presidente, pero no estuvo en el Samán de Güere cuando Chávez salió de la cárcel, en el año 92, yo sí. Le gané una y su mirada se suavizó.
Con determinación el coronel Castro apunta hacia el cañón, formula una pregunta que él mismo responde: “¿Sabe hacia adonde apunta ese cañón? Hacia el este”. Me mira esperando una reacción. Con incredulidad formulo una pregunta ¿Y por qué hacia el este? A lo que el miliciano responde en tono amenazante: “Porque allá viven los ricos, los imperialistas, la oposición. A partir del lunes esos desgraciados sabrán lo que es bueno”. Yo vuelvo a preguntar ¿Y qué va a pasar el lunes? El militar responde: “La ofensiva contra la guerra económica que ellos mismos montaron”.
Me tomo una foto con Castro y regreso por mis pasos hacia la salida. Recorro la callecita de casas pintorescas y murales alusivos a Chávez, llego a la plaza, tomo más fotos y me monto en una camioneta que me deja detrás del Palacio de Miraflores. Bajo en dirección de la estación del Metro El Silencio y sorteando montañas de basura llego a la Avenida Baralt, cruzo en dirección a Metro Center y entro al Centro de Economía Comunal Manuelita Saenz para comprar un bolso que necesito. Aquel mercado de pasillos angostos y serpenteantes está full de mercancía. Los mercaderes, en su mayoría mujeres, no se mueven de sus asientos a pesar de la presencia de un comprador. Veo un bolso que me gusta y tengo que buscar al dueño del artículo para saber el precio. La vendedora, de unos 35 años, me atiende de manera amable. “Vengo de la montaña”, le comento en busca de conversación. Ella me mira incrédula, sin comprender el porqué de mi alegría. Se mira de reojo al espejo y frunce el ceño, tiene dos sendos cauchos y una barriga cervecera. “Yo tengo tiempo que no subo al Avila”, me replica. “No chica, no vengo del Avila sino del Museo de La Montaña, en donde enterraron a Chávez, ¿tú has ido?” Le respondo. “No, y eso que el año pasado yo trabajé en La Bandera y bastante mercancía que vendí”. Yo la miro, ella me mira.
-¿Y por qué no has ido a verlo? ¿No votaste por él?, Pregunté.
-Yo voté por Chávez en todas las elecciones, en todas, pero no he tenido tiempo para ir. Además, ese no está enterrado allá, ahí lo que está es un muñeco-, respondió de tajo dándome la espalda para dar por concluida la conversación.
Regreso a El Metro, a esa ciudad subterránea que antes era otra Venezuela, en donde la gente cambiaba hasta su forma de andar y que ahora es tan insegura como cualquier barrio o urbanización.
Tratando de organizar mis ideas perdí la noción del tiempo y espacio y casi por inercia me bajé justamente en la estación Plaza Venezuela. Salí a la ciudad y me encontré con la metrópolis amable de mis años estudiantiles. El Boulevard de Sabana Grande, rescatado y remozado por PDVSA La Estancia, hierve de gente. Toda Caracas se da cita en sus calles perfectamente remodeladas, con ornato de lujo, grandes sombrillas de diseños aerodinámicos ofrecen no sólo una vista maravillosa sino cobijo contra el candente sol. En la calle de los artesanos, sobre enormes mesones, el turista y el local pueden encontrar hermosas piezas del arte popular. Músicos, payasitas pintacaritas, malabaristas, pintores, declamadores y payasos interactúan con los transeúntes. Por momentos me transporté al Gambla Stam de Stocolmo en donde en la década de los 80 bailaba y cantaba para ganarme unos centavos en verano. Me sentí alegre, dichosa. Hay cosas buenas que ha hecho el Gobierno chavista y ésta es una de ellas.
Amante de los espectáculos circenses, me detuve para deleitarme con el espectáculo del Payaso Tachuela, “porque así le puso su abuela”, un excepcional artista de acento oriental que me hizo reír con cada una de sus ocurrencias. Mientras reía con Tachuela miraba a lo lejos al señor que baila con una muñeca de trapo que lleva sujeta a sus zapatos. La muñeca tiene un enorme trasero que mueve al ritmo de la música mientras su dueño la recuesta a los hombres que miran el espectáculo.
Todos a mí alrededor reían. Era una tarde de sol radiante y amable brisa. Por segundos levanté la vista para mirar hacia el reloj de la torre de La Previsora. 4:25 de la tarde. Justo en ese mismo instante, desde La Montaña en el 23 de Enero, Requena y Castro disparaban el cañón con dirección este y no pude dejar de pensar en que me encontraba justamente al este de su posición, en medio de un boulevard rescatado por el Gobierno Bolivariano para beneficio del pueblo, de todo el pueblo, chavistas y opositores.

“No es lo mismo visitar otros países que visitar Venezuela, el que venga se conseguirá una batalla, una batalla de ideas, una batalla social. No solo la belleza del Amazonas ni de las mujeres se podrá ver, sino que podrá ver en vivo una revolución”, palabras de Chávez en la Feria Internacional del Turismo 2010.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Una ciudad de cabeza por el cambio de lugar de una bandera

Soraya Borelly Patiño

Hoy se cumplen 13 días del cierre del peaje que da acceso a la ciudad de La Victoria, cierre que, según el Gobierno, sería de tan sólo cinco días. El tiempo de recorrido de apenas 25 minutos desde el Terminal de Pasajeros de Maracay hasta la avenida Francisco de Loreto en La Victoria se incrementó a dos horas. La Autopista Regional del Centro es un caos en sentido Maracay-Caracas. La prensa nacional habla del cierre técnico del hospital de niños J.M. de Los Ríos, centro  asistencial al que mi difunta madre, hace unos 35 años atrás, llevo al nieto de doña María Tecla, la partera del pueblo de Chuao, para que pudiera volver a caminar. Otro titular habla del cierre de uno de los pocos geriátricos para ancianos de escasos recursos que funcionan en el país. No hay cemento en las ferreterías, pero en La Victoria helicópteros militares transportan la mezcla para hacer el vaciado de una obra hecha a las carreras para cambiar una bandera de lugar.
En la radio suena uno de los últimos hits en ingles. Una muchacha a mi lado canta, mientras que el chofer decide abrir la puerta para que entre un poco de aire a la unidad. El calor es sofocante, el inclemente sol de la una de la tarde adormece a los pasajeros y desespera a los choferes. La camioneta ha permanecido parada en el mismo sitio por espacio de 15 minutos, unos 700 metros antes de la salida de la autopista y que da acceso a una curva de 180 grados, pasando por debajo de la ARC, para desembocar en el peaje de la ciudad aragüena de La Victoria, escenario de grandes batallas que forjaron las gestas libertadoras, cuna del Día de laJuventud.
Los vendedores ambulantes hacen su agosto. Han desarrollado un sistema de mensajería de texto que les permite en segundos saber en qué sitio de la ARC hay cola y llegan al lugar en minutos, vendiendo agua, refresco, malta, chupi-chupis, frapes, pepitos, maní, tostón, chicharrones, cargadores de celulares y los cd’s pirateados de los últimos chistes de Er Conde del Guacharo, Emilio Lovera y la Diosa Canales, porque la vaina puede estar muy mala, pero el venezolano se ríe de sus propias desgracias.
El camionetero hace avanzar el vehículo unos cuantos metros metiendo el acelerador a fondo, con arrechera, y con la misma mete freno de coñazo. Con cada metro ganado mi cabeza se bambolea de atrás hacia adelante. Mi trasero está empapado del sudor que baja por mi espalda. No puedo tomar más agua, después de los 40 las mujeres somos como chicharras, ya saben, el peo de la incontinencia y lo peor es que pañales especiales ¡no hay!, se perdieron con los pañales de la tercera edad. Ojo, no me considero una vieja, yo aun estoy en el intermedio: joven-adulta-contemporánea.
Desde varias unidades de transporte descienden decenas de jóvenes, mujeres embarazadas, hombres con niños en sus brazos y en fila india caminan por el borde de la autopista para bajar por una cuesta de tierra amarillenta hacia el túnel que desemboca en el peaje. Sin pensarlo dos veces yo también me uno a la procesión y me agarro como un gato de un señor para no caerme en la bajada. A la entra del túnel un grupo de muchachos de dudosa vestimenta ponen a todos en alerta, pero en sus manos sostienen palas con las que remueven la tierra que se desprende de los camiones de carga y que se acumula en la vía.
Unos metros antes veo un camino recién abierto por maquinaria pesada, en el que están vaciando lozas de concreto. El sendero conduce hacia la cima de un cerro. Pregunto en voz alta y varias voces contestan, una complementando a la otra: “Ese es el camino al cerro donde la gente sube a caminar… allá subían primero los militares y después se les pegaron las ballenas, igual que en Maracay jajaja… hace poco dijeron que allá montarían el monumento a la bandera… ahora cambian todo, ya están hablando de cambiarle el nombre a varias plazas, comenzando por la de Colon y la Rivas… Aquí le están cambiando el nombre a todo, un día no nos llamaremos como les dio la gana a nuestras madres, sino a ellos… Que polvero y que calor nojoda!!!… ¿Viste? Ya montaron el techo de la tarima, van volando… pero eso no va a estar listo para el miércoles (estamos a lunes)”.
Con asombro vuelo a preguntar en voz alta: ¿Es que van a cambiar el Cerro de La bandera? ¿Ese mismo que dejaron invadir por ranchos y que se ve desde la autopista? ¿Y cómo se llama este cerro?
- Yo no sé cómo se llama, responde una joven, ahora resulta que todos estábamos equivocados, la batalla no fue allá, sino aquí, nos echaron el cuento como no era. Aquel era el Cerro de La Bandera, ahora este es el Cerro de La Bandera.
Avanzo entre la gente y justo al frente del antiguo peaje la cola de vehículos gira a la izquierda por una trocha de tierra recién construida. La polvareda hace peligrosa la travesía para quienes vamos a pie. Saco mi cámara y comienzo a tomar fotos, de un lado y de otro. Un militar me mira feo y con voz de mando me ordena: “Señora, por allá”, indicando que debo  seguir mi camino por el centro de la obra de construcción del nuevo peaje, maniobra peligrosa por cuanto hay clavos de acero y pedazos de cabilla en el suelo. Yo aprovecho para tomar más fotos. Un pelotón de soldados me cierra el paso, se dirigen hacia una especie de avenida recién construida flanqueada por una vereda de tierra amarilla recién aplanada. Al fondo se levanta una tarima con enormes columnas para cornetas y reflectores, me hace recordar al primer Caracas Pop Festival que organizaron en Guarenas hace unos 13 años, muy criticada por estar en medio de la nada y cuando llovió la cosa se empantanó. Tras el pelotón de soldados una hilera de tanques pasó frente a mí, y sobre mi cabeza helicópteros militares transportando recipientes de color rojo contentivos de cemento hacia lo alto del cerro, en donde se divisan varias columnas, tierra y más tierra amarilla. El calor se hace más sofocante con los incendios que en esta época son comunes en Aragua. Desde mi posición se ven columnas de humo en las montanas. El gamelote está seco, todo es de color amarillo.
En medio de aquella intersección de caminos, soldados, aplanadoras, polvo y olor a asfalto mi prioridad era llegar hasta el antiguo monumento de La Bandera. Caminé en contra flujo de una kilométrica cola, en su mayoría de carga pesada y transporte público, que se extendía hasta el semáforo de la zona industrial de Soco. Después de caminar por espacio de 15 minutos, pasando por la urbanización Guaracarima, Venceramica, otras tantas empresas cerradas y urbanizaciones que están siendo flanqueadas por enormes muros para contener la acción del hampa común,  llego a un enorme edificio, bastante deteriorado en su exterior y en cuya cima se lee “OTEL”, por lo visto perdió la “H”.
Saco la mano y un mototaxista se detiene, negocio con él la ida al monumento de La Bandera, por 25 bolivares, y el retorno a la Plaza Rivas, por otros 25 bolivares (el dólar oficial es de 11,5, el supuesto paralelo consúltenlo en internet, si lo digo me meto en peo por violar la ley). En segundos transitamos por un barrio de casas construidas una al lado de la otra, una sobre la otra, una parecida a la otra, todas sobre un cerro divididas por un caminito de cemento en ascenso, minado por policías acostados. La moto brinca con cada salto, mis nalgas chocan contra el asiento. El ascenso se hace mas empinado, la moto se detiene a ratos y hay que acelerarla para que avance. Grabo en mi cámara un video y se me escapa una de mis frases: “Como que pesa el que te conté”.
Me pongo nerviosa a pesar de la pericia del motorizado. Llegamos a un sitio desde donde pude fotografiar un asta desnuda, en donde por muchos años hondeo el Pabellón Nacional, sitio que se divisa desde la autopista. Son pocos los metros que separan el asta de los ranchos que amenazan con comérsela. Pocos metros abajo una iglesia, la misma que me toco visitar cuando reporteaba en El Clarín de la Victoria y que en medio de una misa recibió la envestida de una gandola, cuya cabina derribo la pared lateral y quedo incrustada dentro del templo. En esa oportunidad el chofer se bajo a orinar y olvido poder el freno de mano, la gandola inició la marcha, bajó por la cuesta y choco contra la iglesia.
Al bajar el cerro aprovecho para tomar otras fotos, los ranchos se apoderaron de los bordes de la autopista en ambos sentidos y se pierden de vista.
Al llegar al costado de la Plaza Rivas me bajo de la moto por el lado izquierdo, para evitar una nueva quemadura en la pierna derecha, ya común entre quienes viajamos en mototaxi para no caer en las largas colas comunes en nuestras ciudades.  Para mi asombro en la plaza hay militares por todas partes, una tarima, unidades móviles de varios canales del Estado y siendo el centro de las cámaras la Ministra de Defensa, la primera mujer que conduce los destinos de los militares en este país, nada de extrañar pues en Venezuela rige el matriarcado no declarado. Este país, como muchos otros países Latinoamericanos, reposa sobre los hombros de millones de mujeres, los hombres tienen siempre la última palabra: “Lo que tú digas mi amor”. Y cuando los hijos quieren solicitar el permiso del padre, éste contesta: “Pregúntele a su mama”.
Por lo visto ya el acto militar y cultural había terminado. Jóvenes soldados, ataviados con uniformes de las tropas realistas, otros con caras pintadas de negro, chicas con trajes rojos o trajes típicos, bañados en sudor y bajo el sol esperaban recibir alimento y bebida, quien sabe desde que hora estaban allí sin probar bocado. En la tarima divisé a un personaje harto conocido por mí, pues mi primera pauta periodística fue entrevistarlo cuando ocupaba el cargo de Alcalde de La Victoria, Germán Freitas Núñez, uno de los dos cronistas de la ciudad.  
Su atuendo sigue siendo el mismo: un liqui liqui blanco, solo que ahora, en su brazo izquierdo tiene una banda roja con la inscripción: “Defensores de la Patria”. Sigue siendo centro de atracción, saluda a todo mundo, responde preguntas, se toma fotos con la gente. Sin pensarlo dos veces le lanzo unas cuantas preguntas:
-¿En donde fue la Batalla de la Victoria bajo el mando de Rivas?
-Aquí mismo, en donde estamos parados.
- ¿Y ese monumento en donde siempre estuvo la Bandera, que representaba?
- Allá fue la batalla de 1902, del General Castro, 90 años después
- ¿Y por qué se coloca la bandera en otro lugar?
- Porque esa es otra batalla, la del  general Castro y el General Gómez contra la Revolución Libertadora de Manuel Antonio Matos, que fue la primera derrota militar del imperialismo en América Latina
- ¿Usted, como cronista de la ciudad, da aval para que se monte la bandera en ese otro cerro?
- ¡Claro!, porque es el mismo cerro, pero no es la misma batalla
- ¿Y cómo se llama ese cerro?
- Ahora es el cerro de la bandera
- ¿Y cómo se llamaba antes?
-Siempre ha tenido un nombre, pero ahora es el Cerro de la Bandera y punto.
Se voltea para saludar a las personas que hacen fila para tomarse una foto con él, yo aprovecho y también me tomo la mía, ¿Y por qué no le puedo meter a lo farandulera?
A partir de ese momento me lo tomo light. Me tomo fotos con el equipo reporteril de TeleSur, todos ataviados de militar. Tomo fotos de militares portando sendas armas de guerra. Tomo fotos de los jóvenes soldados, unos comiendo, otros castigados, una pareja de jóvenes militares abrazados, una estampa que me hace recordar una hermosa foto que colgaba en mi oficina de una pareja de guerrilleros farianos en Colombia.
En una de las esquinas de la plaza me retrato frente al edificio que fue sede de la Alcaldía, escenario de mi primera pauta periodística y de el accidente que le costó el único ovario que le quedaba sano a mi amiga y colega Mariana Olivar, quien en una toma de la Alcaldía tuvo que saltar de una terraza a otra para escapar de los violentos y en la caída se le reventó el ovario. Menos mal que ya tenía una hija y ahora es una flamante abuela.
Recorro las calles del casco central, todas reconstruidas y pintadas de colores, una hermosa estampa. En un pórtico veo el escudo nacional de la Cuarta Republica y a su lado el de la Quinta, la diferencia está en la orientación del caballo. Para quienes no lo sepan, una vez el extinto presidente Hugo Chávez relató que su hija menor, Rosa Inés, le pregunto por qué el cabello del Escudo Nacional corría hacia la derecha mirando hacia atrás, cosa que ocasionaría que el caballo tropezara y se cayera. La reflexión de la niña hizo que el Mandatario tomara la decisión de cambiar la orientación del caballo (no estoy hablando de la orientación sexual, ¡ojo!), y lo puso a correr hacia la izquierda, cosa que no fue de gratis para el erario de la Nación.
Llego hasta la Plaza que hace antesala al hermoso Cuartel Mariano Montilla, una belleza de la arquitectura colonial. Los soldados me miran extrañados cuando me quito la gorra al entrar a la plaza en señal de respeto, pero con discreción me dirijo a uno de los costados de la misma y en una taguarita compro una lata de cerveza que envuelvo en un pañito de tela con el que me sequé el sudor todo el día.
Decido regresar a Maracay y al alcanzar la avenida Loreto me encuentro con otra ciudad, la del caos del tránsito por los actos protocolares, la de la gente arrecha porque no llegara temprano a casa, la de edificios contemporáneos que comparten calle con estructuras coloniales. El Ateneo se ve más abandonado que nunca. En la esquina de Soco me asomo a la marisquería donde el difunto colega Sasanto Celis invitaba a almorzar a mi colega Mariana y a mí durante cada rueda de prensa-almuerzo que se organizaba en la ciudad. Mas allá el Unicentro pintado de un rosado horroroso. Ya no está el aviso del diario El Clarín de La Victoria, llamado en las comunidades “el chismosin” y que era conducido por Rómulo Herrera, María Emilia Guarino, Esperanza Navas. Pareciera que el tiempo se detuvo allí, la sola diferencia la hace un autobús bielorruso rosado que combina con el edificio al momento de tomar la grafica.
Camino, aguantando el dolor de una ampolla en un pie producto del calor, en dirección hacia la salida de La Victoria, al lugar donde comenzó mi recorrido, y noto en las caras descontento. Llego a un parque hermoso donde niños juegan mientras sus madres hacen deporte y un grupo de jóvenes espera una camioneta para trasladarse hacia Maracay. El transito es insoportable, la cola se extiende por varias calles.
Logro que un camionetero me abra la puerta y me siento al lado del chofer, sobre la tapa del motor que en Venezuela son decoradas con motivos acolchados de colores. Por espacio de media hora permanecemos en el mismo lugar hasta que el chofer acelera al mismo estilo que lo hacen todos: con arrechera y hasta el fondo. Enfila la camioneta hacia el centro de la ciudad, transita a alta velocidad por calles angostas, frena de golpe, acelera, frena, acelera. En una esquina se encuentra con un jeep de la Guardia Nacional averiado y a viva voz dice: “Que se mueva ese guevón, o me lo llevo por delante”. Avanza llevándose por delante al que sea, alcanza nuevamente la avenida Loreto y enfila por la Carretera Panamericana hacia San Mateo, una vía en franco deterioro bordeada por ranchos, talleres mecánicos, licorerías y mas licorerías. No somos los únicos, varios autobuses llenos de militares nos preceden y otros nos siguen. Al llegar a San Mateo el sol de los venados (mi hija lo llamaba El Sol de los Chivos) nos pega en la cara. La tarde está muriendo, pero el catire que se niega en estirar la pata no solo ilumina, sino que sigue quemando en la piel.
En una calle de San Mateo, el pueblo donde algunos historiadores dicen que nació Simón Bolívar, el chofer acelera una vez más con arrechera y se pierde por laberintos de calles angostas y casas de fachadas deterioradas hasta alcanzar una salida ilegal hacia la Autopista Regional del Centro. En el interior de la unidad se siente un suspiro común, los pasajeros cierran los ojos, el calor adormece, ya pronto llegaremos a nuestro destino.
Hoy no me atrevo a transitar por la ARC, imagino la tranca por los actos del Día de la Batalla de la Victoria y Día de la Juventud.

Ayer anunciaron el cierre de la carretera a Choroni por 8 días.  La pregunta es: ¿Si el cierre de La Victoria era de cinco días y ya llevan 13 sin esperanzas de concluir pronto la construcción de un nuevo peaje, cuantos días realmente estará cerrado el acceso a  las costas preferidas por los homosexuales venezolanos y foráneos?
Justo antes de publicar esta crónica me entero que el Presidente Maduro declaró a La Victoria Capital de la República por 24 horas. El caos que presencie en esa ciudad el lunes pasado no es propio ni siquiera de una capital de República, aunque ya estemos acostumbrados a que se adelanten obras sin planificación para a ultima hora poner a toda una ciudad de cabeza por el cambio de lugar de una bandera.

Nota: El álbum de fotografías de este periplo pueden verlo en https://www.facebook.com/CronicasPeriodisticas